Café, diésel, represas y otros chécheres
Bogotá prohíbe a carros y motos circular por la ciudad, para que puedan hacerlo buses y camiones que escupen humo cancerígeno, producido por diésel.
¿Qué tienen en común: la rabieta de la Federación Nacional de Cafeteros, al anunciar el retiro del café colombiano de la bolsa; las ruedas de prensa, para explicar por qué Hidroituango no funciona, y el pico y placa extraordinario decretado en Bogotá? La respuesta, al final. Por ahora, un repaso de los tres novelones.
En los últimos 45 años, el precio del café ha atravesado siete ciclos. El precio máximo fue registrado el 14 de abril de 1977, en US$3,36/lb, y el mínimo fue US$0,425/lb el 22 de octubre del 2001. El promedio diario de este casi medio siglo ha sido US$1,2643, visto por última vez el 5 de enero del 2018. En estos 45 años, la economía cafetera colombiana ha sufrido muchos capítulos, como tres periodos de ‘bonanza’, la llegada de la roya, el indebido chalequeo al Fondo Nacional del Café por parte del presupuesto nacional, la creación de una marca propia para producir y comercializar café con mayor valor agregado, y muchos otros episodios, dulces y amargos.
¿El balance? El café ya no tiene el mismo peso específico, ni en la economía ni en el comercio internacional. Ha llegado la hora de que el mismo gremio tome en serio el tema de la diversificación de productos y de fuentes de ingresos. No es muy factible que lo logren tratando de colocar más de 12 millones de sacos en condiciones de subasta, como los cafés especiales del Huila o de Nariño, que en pequeños lotes obtienen precios de más de US$10/lb.
Cambio de tercio: el país vive en desvelo porque hay una central hidroeléctrica con sobrecostos, exceso de plazos y daños ambientales irreparables. ¿O es que les van a poner ascensores a los peces que circulan río arriba? Nadie niega el carácter renovable (¡mientras siga habiendo agua!) de la energía hídrica. Pero no es sostenible, porque produce destrucción y desplazamiento. Hidroituango es una muy pequeña muestra, pero hay que ver casos como Tres Gargantas, en China, y Asuán, en Egipto, y otras alrededor del planeta.
Colombia sigue en mora de dar impulso a las energías renovables no convencionales. Aunque fueron incorporadas al sistema nacional, por ley, en el 2014, los generadores tradicionales son su mayor obstáculo, a menos que los nuevos proyectos sean adjudicados solo a ellos.Cuando haya un pánel solar en cada techo, o un molino de viento en cada lote, todos conectados democráticamente y sin obstáculos legales a la red, y con la obligación de compra por parte de las comercializadoras, habremos avanzado algo.
Por último: en otro capítulo macondiano, Bogotá prohíbe a los automóviles y motos circular por la ciudad, para que puedan hacerlo los buses y camiones que escupen un asqueroso humo cancerígeno, producido por el diésel, que nadie quiere prohibir, porque todos les temen a los dueños de esos vehículos. Como si la culpa del desastre ambiental, que será recurrente, fuera del último número de una placa.
Ahora sí, qué tienen en común estos tres episodios: que seguimos obteniendo los mismos resultados porque continuamos haciendo todo de la misma manera: mal. Mientras tanto, caemos todos los días en los escalafones de competitividad, corrupción y crecimiento, en tanto que el resto del mundo avanza.
Sergio Calderón Acevedo
Perito financiero y docente
@sercalder60 / sercalder@gmail.com
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