Centenario de un modelo

Es tan sólido el modelo Heckscher que ha sido por cien años el marco que explica la globalización y éxito de economías como las del sudeste asiático.

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Este es un año de muchos aniversarios: el centenario de la Constitución de Weimar, que dio a Alemania su primera, pero efímera, democracia, la cual terminó trágicamente en la dictadura hitleriana, el infame holocausto judío y la vergonzosa Segunda Guerra Mundial. También se conmemora el segundo centenario de la batalla de Boyacá.
Los comunistas recuerdan el vil asesinato de Rosa Luxemburgo y de Karl Liebknecht, a manos de milicianos oficiales, en las calles de Berlín, en enero de 1919. Otro centenario es el de la fundación de la Sociedad de Naciones, modelo predecesor de Naciones Unidas, la cual es también hija de una gran guerra.
Pero hay una efeméride que no podrá pasar desapercibida en la academia ni en los organismos internacionales y multilaterales: la formulación de la moderna teoría del comercio internacional por parte del profesor sueco Eli Heckscher.
Tomando como base la teoría inicial de David Ricardo, de las ventajas comparativas, según la cual un país debe especializarse en la producción de algunos bienes y servicios, y dejar de producir otros, si desea un mayor crecimiento y un buen desempeño en los mercados internacionales, Heckscher desveló lo que Ricardo apenas intuyó.
Aunque el modelo de Ricardo dominó las discusiones sobre comercio internacional desde 1817, cuando escribió su tratado de Principios de la Economía Política, fue Heckscher quien realmente descifró la verdadera causa de las ventajas comparativas, las cuales se manifestaban en las diferencias de los precios relativos de los bienes en varios países. Halló y demostró el profesor sueco que esa ventajas se producen en un país, por la dotación relativa abundante de un factor de producción que se requiere de forma intensiva en la producción de un determinado bien.
Así, si un bien requiere uso intensivo de mano de obra, por los determinantes de su función de producción, será el país que mayor mano de obra posea en abundancia, comparada con su dotación de capital, el que seguramente podrá tener una ventaja competitiva en el mercado internacional en la producción y comercialización de dicho bien. Aunque podría argüirse, en la era de la robotización, que la mano de obra puede ser remplazada con máquinas, la discusión se vuelve semántica porque también podría decirse que la que cambió fue la naturaleza del proceso, y que lo que antes era intensivo en mano de obra ahora lo es en capital.
Con el paso de los años, el modelo de Heckscher fue profundizado por el también sueco, y premio Nobel de economía en 1977, Bertil Ohlin, por lo cual el modelo hoy lleva el nombre de los dos economistas. El modelo es tan sólido y coherente, que ha sido por cien años el marco que explica la globalización y el éxito de economías como las del sudeste asiático, Chile y más recientemente las de Europa oriental y la República Popular China. También explica que el enorme atraso de nuestra economía en materia de productividad, crecimiento económico e internacionalización proviene de la persistencia, durante décadas, en un ineficiente esquema de sustitución de importaciones y de tratar de producir bienes y servicios para los cuales no tenemos condiciones propicias, ni dotación adecuada de factores de producción.
Sergio Calderón Acevedo
Perito financiero y docente
@sercalder60 / sercalder@gmail.com

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