¿Dónde están los 10’398.689?

Los colombianos debemos reaccionar ante la pequeña minoría que nos quiere imponer su voluntad con violencia y mentiras.

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La ‘protesta social’ se convirtió en el camuflaje del narcoterrorismo de las aún combatientes Farc, del estalinismo del Eln y del soterrado populismo de Gustavo Petro. Con ella pretenden allanar el camino a la Casa de Nariño en el 2022, para aferrarse al poder y ampliar el dominio territorial del régimen cubano.
Bloquean carreteras, conminan al jefe de Estado a asistir a sus mingas, portan armas de fuego, disparan a helicópteros con lanzacohetes, matan a sus propios miembros con perdigones disparados a fuego amigo dentro de las manifestaciones, se cuelan por miles en el Transmilenio, mienten y buscan cualquier pretexto para dar al país la sensación de que al presidente Iván Duque esto le quedó grande.
Estos haraganes solo citan la ley para ponerla de su lado, pero no para cumplirla. Solo han leído el capítulo de derechos, pero ni siquiera saben deletrear ‘deberes’. Confunden magnanimidad con cobardía. Exigen, pero no dan. Nos bloquean mientras delinquen libremente. Y mandan a su líder a Bruselas (¿quién pagó el viaje para ir a reponer los Ferragamo?) a decir que es el Estado el que está liquidando a los líderes sociales, cuando son ellos mismos, con la ejecutoría de sus brazos armados.
Dicen, además, que el presidente debería ocuparse más de los problemas internos que de proseguir el creciente cerco diplomático al genocida Nicolás Maduro y su propia pandilla narco. Ocultan con ello que su llegada al poder depende de que el usurpador no se caiga. Porque si cae, si es llevado ante la justicia penal internacional, las bandas armadas serán expulsadas de Venezuela y, ahí sí, podremos derrotarlas con la contundencia de una renovada política de seguridad democrática. A la que le temen porque fue la que los arrinconó en la selva, aquella de la cual fueron liberados por el tal acuerdo.
Mientras tanto, los que eligieron presidente a Iván Duque, han olvidado que muchos de ellos lo hicieron porque creyeron que era la mejor alternativa para devolver al país su dignidad y la ruta hacia el crecimiento. Pero también hay muchos que votaron por él, para evitar que Gustavo Petro nos encarcelara en la visión que comparte con oscuros personajes como Hugo Chávez, Daniel Ortega, los hermanos Castro y todos aquellos que han devuelto a sus países a la edad de piedra.
Juan Guaidó, legítimo presidente de Venezuela, ha dado un gran ejemplo de convocatoria y ha devuelto a millones de venezolanos la esperanza de que pueden rescatar a su país de las manos de la delincuencia.
Los colombianos debemos reaccionar ante la pequeña minoría que nos quiere imponer su voluntad con violencia y mentiras. Los electores de Iván Duque deben entender que la democracia no para en las urnas. Que no se ejerce cada tantos meses. Debemos reaccionar, rodear al presidente Duque, y decirle que no tema, que la ley es para aplicarla y que su mando sobre las Fuerzas Armadas y la Policía es para ejercerlo, para poner la casa en orden y para darnos la verdadera paz. No la impuesta desde la tarima de un teatro.
La paz de Versalles se impuso desde la pomposa Galería de los Espejos, y terminó en el peor genocidio que haya conocido la humanidad.
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