Puntadas sin dedal
Colombia, regular, gracias: exportó US$347 millones, o sea 0,24% de lo que exporta China.
La semana pasada, hablando del proyectado arancel a las confecciones, afirmé aquí que “en 2019 fueron importados US$623 millones a través de los capítulos mencionados (61 y 62), con un peso de 26.610 toneladas. De lo anterior, US$609 millones y 24.619 toneladas tuvieron un precio implícito inferior o igual a US$10, por lo cual casi todo el peso (97,9%) de la nueva medida recaería sobre las prendas que seguramente están ingresando en condiciones desleales”.
La primera parte es cierta, y la fuente es la mismísima aduana. La segunda, la del valor y el volumen declarados con un precio implícito inferior a US$10 por kilo, es falsa. Y aquí estoy rectificando sin que hasta ahora tenga una solicitud formal o la obligación legal de hacerlo. La verdad es la contraria: al país ingresaron en 24.619 toneladas de confecciones con un precio implícito promedio de US$24,7 por kilo.
Esto implica que únicamente 1.991 toneladas ingresaron con un precio implícito inferior o igual a US$10 por kilo y que solo 7,4% de las importaciones se verán afectadas por el proyectado arancel. Tendría razón el gremio de las confecciones en su observación al proyecto de decreto, pues el mismo no estaría cobijando todas las importaciones de estos bienes.
Hasta aquí mi rectificación, en el mismo espacio y con el mismo despliegue con el cual hice mi temeraria y falsa afirmación. Ofrezco disculpas al que se haya enfadado.
Ahora mi opinión, a la luz de esta realidad: el comercio mundial de confecciones en 2018, según la OMC, alcanzó casi US$500 millardos (como dos PIB colombianos).
US$145 millardos fueron exportados por China, unos US$40 millardos por Bangladés, US$30 millardos por Vietnam, y el resto por todos los países del mundo, porque hasta Micronesia y Niue (lo pueden ‘googleear’) participan en el negocio.
Colombia, regular, gracias: exportó US$347 millones, o sea 0,24% de lo que exporta China. Nuestro país ocupa, en promedio, el puesto 60, con camisetas, sudaderas, ropa interior (US$100 millones en brasieres, ¡más que el aguacate hass!), ropa de baño, y otros. Los mayores mercados son Estados Unidos, Ecuador, Perú y otros del vecindario.
En resumen, la industria nacional de confecciones es responsable por menos de 1% de nuestras exportaciones y no es un jugador que desvele a los grandes. No sobra mencionar que a principio del siglo exportaban casi US$600 millones y hoy a duras penas la mitad.
Y su peso en el mercado mundial refleja su baja competitividad, a pesar de las ventajas comparativas: moneda exageradamente devaluada, experiencia de décadas en el negocio, institucionalidad para su apoyo, talento para el diseño y la elaboración, acceso a la mejor tecnología con las ventajas tributarias otorgadas en las últimas reformas.
Y ahora que se evidencia que la mayor parte de los productos que le compiten entra a precios implícitos de más del doble de la cota del decreto proyectado, sería la hora de realizar una necesaria prospectiva del negocio a nivel mundial para entender qué es lo que los nuevos consumidores de Asia y África quieren, para poder atender esa demanda sin esperar que todo provenga del amparo del Estado.
Sergio Calderón Acevedo
Economista
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