En el municipio de Bolívar, en el Macizo Colombiano, corría ayer la alarma al descubrirse lo que sería un nuevo caso de rabia en el sur del Cauca. La situación despertó, nuevamente, el drama que dejó la muerte de dos niños en otro extremo de ese departamento, en el suroccidente del país.
La paciente, que al parecer fue mordida en de sus manos, habría sido traída el 10 de julio al hospital local, donde recibió un tratamiento, pero su mamá se la llevó nuevamente para la casa en la zona rural. Posteriormente, volvió el lunes pasado cuando ya la pequeña sufría síntomas como parálisis, dolor de cabeza y mareos. En ese centro asistencial pasó la noche.
En la mañana del martes fue remitida al Hospital San José de Popayán, donde la atendieron y confirmaron la complejidad del caso. Ayer, en la mañana, se produjo su traslado al Hospital Universitario del Valle 'Evaristo García', donde fue recluida en la unidad de cuidados intensivos, bajo pronóstico reservado.
En ese centro hospitalario se realizaban ayer evaluaciones para determinar si efectivamente corresponde a un nuevo contagio de rabia, pero inicialmente no se suministraron más detalles del cuadro clínico de la niña.
Mientras tanto, la preocupación se extendía en el municipio de Bolívar, donde la alcaldesa María del Socorro Ruiz había citado una reunión de emergencia con las autoridades de salud y seguridad para afrontar la situación y emprender una campaña de vacunación.
No se precisó si esa localidad disponía de las dosis para la vacunación masiva de animales en la zona. La alerta se debe a que los casos de rabia son mortales cuando la enfermedad ha tenido das o semanas de evolución sin un tratamiento adecuado.¿
En Santander de Quilichao, en el norte caucano, se registraron las muertes de los estudiantes Walter Steven Franco, de 12 años, y Andrés Felipe Correa, de 10, quienes junto a cuatro estudiantes más tuvieron contacto el 1r de febrero con un gato en el Instituto Educativo de esa ciudad.
Los dos escolares fueron llevados al hospital local, pero no se les aplicaron dosis antirrábicas, sino que les recetaron una dosis antitetánica, que debieron comprar en una farmacia. El miércoles Santo, 19 de febrero, cada uno de ellos presentaba dolores en sus brazos, dolor de cabeza y semiparálisis. No obstante, en los centros de salud les dijeron que sería una enfermedad viral.
Walter empezó a sufrir infartos el sábado santo cuando ya se empezaba a sospechar de un caso de rabia y murió el siguiente miércoles 26 de marzo. El 4 de abril murió su compañero Andrés Felipe.
Otro escolar, Sebastián González, fue sometido a un coma inducido al tener síntomas y salió del trance, aunque las pruebas no confirmaron contagio. El 16 de abril cinco jóvenes fueron hospitalizados por mordeduras de murciélago en un predio rural de Cartago, norte del Valle.
El gato, tras morder a la niña, fue muerto por unos tíos y enterrado en la zona rural. El secretario de Salud del Valle, Héctor Fabio Useche, dijo que la niña no camina por sí sola, tiene adormecimiento de brazos y pies, irritabilidad y excesiva salivación. Los exámenes indican en un 90 por ciento que tiene el contagio de rabia.
Una junta médica está procediendo a un coma inducido con la autorización de su familia, de modo que se realice el protocolo médico para esos casos.
Ese tratamiento, que solo ha sido reportado como favorable en un caso en el mundo, consiste en inducir un coma profundo para atenuar la función del sistema nervioso e impedir la proliferación del virus.
Diego Palacio, ministro de la Protección, calificó el hecho de inaceptable, pues "pese a disponer de los insumos necesarios para garantizar una buena cobertura de vacunación antirrábica, y a la asistencia técnica que se ha brindado para difundir el protocolo de atención del accidente rábico en la red de IPS del departamento", se siguen reportando casos que evidencian manejo inadecuado de los mismos y sus contactos".
Por no contar con autorización de su familia no se revela la identidad de la menor.
POPAYÁN