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‘El país debe concentrarse en esa economía que se ha vuelto invisible’: Juan Daniel Oviedo

Para Juan Daniel Oviedo, aspirante a la Presidencia, los riesgos fiscales y económicos son una realidad innegable.

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IMAGEN Foto: revjsta po

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Tras su paso por el Dane y con las experiencias que le dejó ser candidato a la Alcaldía de Bogotá, Juan Daniel Oviedo, se ha convertido en una figura notoria de la política colombiana que desde hace varios meses viene trabajando por ser el próximo Presidente de Colombia, en un contexto muy desafiante.
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En charla con Portafolio, Oviedo reconoció que la economía del país ha mostrado mejores resultados de los esperados, pero dejó claro que el foco económico del país no puede desviarse de frentes como la informalidad, los riesgos fiscales y la necesidad de generar nuevas fuentes de ingreso para la Nación.¿Cuál es su visión de la economía?
Como lo hemos mencionado en diferentes escenarios, creo que estamos en un estado en el que hay una contradicción evidente, entre un crecimiento del consumo acelerado, acompañado de un comportamiento relativamente aceptable de la inflación de alimentos y productos icónicos como el huevo. La gente dice que el huevo está barato y ese crecimiento de la economía, impulsado particularmente por el consumo privado y también acompañado del consumo público, pues genera una sensación de optimismo oportunista.
El 2026 será un año marcado por fuertes tensiones políticas. Foto:Imagen generada con Inteligencia Artificial - ChatGPT
El Gobierno asume como propios esos resultados que desafortunadamente no tienen que ver con alguna política explícita que se haya hecho a lo largo de estos tres años largos de gobierno. Eso se contradice con los indicadores que muestran que hay unas amenazas grandes que deben ser revisadas y atendidas con urgencia.¿Cómo cuáles?
Decimos que en el fondo pues hay unas amenazas económicas tremendas porque ese crecimiento apalancado en el consumo sacrifica tremendamente la inversión. Tenemos niveles de inversión que están entre los niveles más bajos de los últimos 70 años en el país. Al mismo tiempo con una apagada de las exportaciones minero energéticas, que limita el crecimiento de la economía.
Todo esto acompañado de una insostenibilidad fiscal evidente, ya no hay forma de ocultarla, una insostenibilidad fiscal que se gobierna por fallas en su presupuestación de ingresos desde 2003, por no reconocer cómo los fallos de la justicia afectan precisamente las perspectivas de recaudo. Estos elementos generan una contradicción sobre el estado real de la economía del país.¿Qué le dice la gente en la calle?
Colombia es un país en el que la gente, con tal de tener trabajo, no importa cuál sea, se siente agradecida con la vida. Por eso es que a veces dicen que somos el país más feliz del mundo, porque la gente en la calle dice: puede ser que no me pagan bien, pero tengo trabajo y con eso siento que la vida está funcionando y eso le abre paso a la informalidad. La cifra del 55% de informalidad laboral en Colombia es más que evidente. 
Juan Daniel Oviedo fue director del Dane, concejal y candidato a la Alcaldía de Bogotá. Foto:Cortesía - A.P.I.
Si tenemos una economía que está volcada hacia la calle, en reglas informales, en donde los excesos de regulación y de trámites de la economía formal, pues simplemente la gente dice, yo allá no me meto, yo prefiero estar en mi puesto y por fuera de la formalidad o los estándares de legalidad que definen esa formalidad. Entonces, se puede decir que el crecimiento del consumo está apalancado también por la capacidad de pago que se ha generado a muchas personas que pueden entrar a trabajar en la informalidad. ¿Eso es bueno o malo?
Partamos de que la plata de la informalidad, en algunas ocasiones, está surgiendo de mecanismos de lavado de economías ilícitas a través del contrabando. Entonces empieza uno a tener alertas de realidad cuando recorre el país, cuando va el Catatumbo, cuando va La Guajira, y se da cuenta de que en Maicao la zona económica binacional está funcionando hace rato. Venezuela se aprovisiona de alimentos en el puerto de Maicao y esa dinámica informal tiene a la gente bien, pero van con un trasfondo.
Hay sectores que sí enfrentan dificultades importantes, en particular el agro y el sector manufacturero. En el caso del agro, se están acumulando varios factores que afectan su desempeño, y algo similar ocurre con la industria. Por ejemplo, en el departamento de Santander estuvimos conversando con el sector del calzado y la situación es crítica, muchas empresas están prácticamente asfixiadas. ¿Cómo mejorar eso?
Es ahí donde surge la necesidad de conectar esas dos realidades, entre lo que se observa en la superficie y lo que ocurre por debajo, para que el país entienda que uno de los grandes focos de la política económica debe ser cómo aliviar los altos niveles de informalidad que estamos enfrentando y cómo vincular a esas personas a la economía formal.
El 2026 será un año marcado por fuertes tensiones políticas. Foto:Imagen generada con Inteligencia Artificial - ChatGPT
Hay que empezar por reconocer que la economía no está bien, pero en las regiones la gente siente que tiene lo necesario. No se trata tanto de estar mejor, sino de cubrir lo básico, y ahí existe un potencial que sí se está aprovechando, aunque probablemente no de la manera adecuada porque es informal. El reto, entonces, es definir por dónde arrancar para convertir todo ese potencial en crecimiento efectivo y en una recuperación real y sostenible de la economía.¿Cómo hacerlo?
Yo creo que un punto fundamental es hacer visible lo que hoy permanece invisible. Para eso necesitamos apalancarnos tanto en ajustes regulatorios como en la tecnología. En Colombia, por ejemplo, en materia de informalidad rural, es indispensable modificar las figuras del contrato y del jornal agropecuario, de modo que podamos identificar a todas esas personas que efectivamente trabajan en el campo. 
Se trata de una población que está envejeciendo, que enfrenta altos niveles de vulnerabilidad y cuyo trabajo hoy no es reconocido formalmente. Si logramos reconocer ese esfuerzo mediante esquemas más flexibles, acordes con la forma en que se produce y se genera valor en el agro colombiano, estaríamos dando un paso concreto a través de un ajuste regulatorio necesario.¿Qué más se puede hacer?
El segundo elemento es tecnológico. En los últimos dos años, el uso intensivo del efectivo se ha disparado, lo cual es una señal de alerta, pues el efectivo no tiene trazabilidad y facilita la penetración de economías ilícitas en la economía legal. El reto está en masificar los sistemas de pago inmediato mediante un trabajo articulado entre el sector público y el privado. Esto permitiría avanzar en la conexión con la economía informal, siguiendo experiencias como la de Brasil, cuyo modelo de pagos inmediatos se viene estudiando de cerca en Colombia.
La crisis fiscal en Colombia pareciera estar lejos de ser superada. Foto:Imagen generada con Inteligencia Artificial - ChatGPT
En ese sentido, es clave que los sistemas de pago inmediato, como la llamada “llave”, se extiendan a la economía de la informalidad de los microgastos como los fritos en la calle, una carrera de Uber o un servicio de mototaxi. A partir de esa trazabilidad, sería posible acercar nuevos mecanismos del sistema financiero, como el ecosistema fintech, y ofrecer créditos mucho más baratos que los del gota a gota, que hoy castigan a buena parte de estas personas.¿Hay que recortar el gasto?
Sí, y ahí vuelve a aparecer la contradicción de la que hablábamos. En la superficie, lo que se ve es una economía que parece ir bien, pero por debajo hay una mina a cielo abierto que está a punto de colapsar, y esa mina es la sostenibilidad fiscal. Cuando uno está en ese momento de “calentura” económica, con un crecimiento impulsado por el consumo, la gente se siente bien, hay una narrativa política que muchos compran y entonces surge la pregunta: ¿cuál es el problema de que al Gobierno le falte plata para gastar más? 
En ese contexto, si el Gobierno quiere hacer cosas que la gente percibe como buenas, la reacción natural es pensar que debe buscar de dónde sacar los recursos. El problema es que se ha instalado una narrativa en la que no se le da prioridad al costo de largo plazo de un déficit fiscal que hoy es insostenible. Por eso, aunque resulte impopular, toca hablar con claridad y decir que se necesitará un ajuste fiscal profundo. ¿De dónde recortar?
Esto implica buscar otras formas de financiación privada que apalanquen el desarrollo del país, porque la inversión pública estará limitada durante varios años mientras se corrige el desbalance fiscal. La idea no es partir de la lógica de que siempre se necesita más plata y, por tanto, más impuestos. 
La crisis fiscal del país genera retos grandes para la economía. Foto:Imagen generada con Inteligencia Artificial - ChatGPT
Lo que se busca, en primer lugar, es ser audaces en la búsqueda de eficiencias en el gasto. Para ello, es clave avanzar con rapidez, con el apoyo de la banca multilateral y de las agencias de cooperación internacional, en la implementación de la presupuestación por programas y por resultados. No es una recomendación nueva: la comisión del gasto lo ha planteado en dos ocasiones como una necesidad urgente para Colombia, hay que acabar las zonas oscuras del Presupuesto General de la Nación.
DANIEL HERNÁNDEZ NARANJO
Periodista de Portafolio
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