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Arroz Blanquita, reconocido en el suroccidente del país, prepara su ingreso a Bogotá, con una estrategia que identifica su producto y todo su portafolio como amigable con el medio ambiente. José Manuel Suso Domínguez, gerente general de Arrocera La Esmeralda, explica la historia de la marca que cumple 70 años.
¿Cuál es la historia de la marca?
La empresa cumple 70 años, pero haciendo un poco más de historia mis abuelitos, un español, Faustino Suso llegó a Colombia, era comerciante de pieles, conoce a mi abuela Blanquita Cárdenas, y montan un molino de arroz en Buga porque en ese momento operaban en varios municipios del Valle. Con el paso del tiempo la producción se fue desplazando al Tolima y al Huila. Mi padre, Manuel Suso , quien murió hace dos años lideró el proyecto de montar la planta en Jamundí hace 70 años. La empresa nace con una filosofía de austeridad, de mejor precio al agricultor y la mejor calidad al consumidor.
Desde que nace, la empresa tiene la filosofía de las empresas modernas y buscamos cómo impactar positivamente a la empresa y a la gente. Hay unas empresas que se llaman Sistema B, con esos principios, y nosotros somos la única en el Valle del Cauca. Eso implica tener el compromiso con la equidad de género y las políticas de inclusión.
¿Cuáles son las prácticas agrícolas?
Tenemos un sistema de educación para el agricultor que montamos en 1990 cuando empezó la apertura económica, para aumentar la productividad y con ayuda del Centro Internacional de Agricultura Tropical (Ciat). Los productores empezaron con 4 toneladas por hectárea y hoy están en 8 toneladas. Hemos reducido el uso de agroquímicos y hacemos control biológico con insectos y aves.
Nuestros productos tienen mejor sabor. Incluso, los productores tienen la posibilidad de recibir a los avistadores de aves en sus fincas.
¿Qué área tienen los cultivos?
En la Valle y en el Cauca hay 4.000 hectáreas que se siembran dos veces al año. Colombia tiene 550.000 hectáreas.
Además de la planta en Jamundí, que es la que tiene 70 años, hay otra que está en Casanare. Vendemos solamente en el suroccidente colombiano: Valle, Cauca, Nariño, Putumayo, Chocó y Viejo Caldas.
¿Pero el objetivo de esa nueva planta cuál es?
Esta planta va a cumplir 5 años en el municipio de Aguazul y le ha permitido a Arroz Blanquita crecer. La tenemos para abastecer nuestra zona de mercado. Pero el propósito del proyecto es llegar a Bogotá.
¿Tienen cultivos propios?
No, compramos pero bajo un concepto de inclusión a pequeños productores como indígenas. En general, tenemos 670 agricultores pequeños que son nuestros proveedores que a su vez generan unos 4.000 empleos en forma indirecta. La empresa tiene 350 empleados directos.
¿Son industriales?
Somos industriales amarrados en un Sistema B, de filosofía de mejorar el pago al agricultor y garantizar una producción sostenible. En el Casanare también lo estamos haciendo.
En este momento la empresa es familiar y está pasando a la tercera generación, tenemos un protocolo y estamos asesorados para preparar a la familia en el manejo del negocio para que perdure.
¿Dónde comercializan?
No llegamos a las tiendas, sino que estamos con los mayoristas, los minoristas, grandes superficies y las cadenas regionales, que son muy buenas y se defienden en sus zonas.
¿Cómo los percibe el consumidor?
Creo que las empresas que hacemos las cosas bien estamos mejor calificadas por los consumidores modernos que están muy conscientes de quién daña, quién cuida o quién mejora la naturaleza. Y nuestra empresa, al tener este sello del Sistema B o identidad como Amigo de las aves, después de unas inspecciones, tiene ese reconocimiento.
¿Cómo es el portafolio?
Tenemos el arroz blanco tradicional, el integral, integral con quinua, blanco con quinua y otro especial para paella de grano largo.
¿Es viable diferenciarse en un producto tan básico?
El solo hecho de tener una empresa con propósito y sentido social, lo hace a uno diferente.
¿Qué hace falta para que sea una marca nacional?
La intención es llegar a Bogotá a finales de este año con la capacidad instalada en Casanare. Allí hemos hecho una inversión que ya completa US$ 20 millones.
La idea es entrar pero no competir por precio. Nos movemos con los líderes pero estamos un poco por encima o a la par de ellos, y no nos dejamos afectar reconociendo que somos una marca más pequeña. Ya nos dimos cuenta que el cliente aprecia la marca y todo el contenido social que hay detrás de ella. Los jóvenes son los que miran en las redes quién hace las cosas bien y están dispuestos a comprarles, así sea más caro. Tenemos mucha fe en eso, no lo hemos hecho de moda sino que toda la vida ha estado en el ADN de la compañía y es hora de aprovecharlo.
¿En dónde quieren empezar a comercializar?
En las grandes cadenas, teniendo en cuenta que ya estamos codificados para el suroccidente. Todavía no ha llegado la venta de arroz por Internet, o por Rappi, pero estamos listos y tenemos tecnología para recibir pedidos.