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¿Cuál es el valor de los alimentos?

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Hace unas semanas salió el listado de las empresas más valiosas del mundo, siendo claramente consistente con su valor bursátil. De ahí surge una peculiaridad, y es que los alimentos son los menos valorados, lo cual es inconcebible y muestra cómo el mercado ha perdido sus prioridades.
La mayoría de las personas están dispuestas a pagar un precio por un producto que es superior a su costo por el deseo de identidad, unicidad y exclusividad, pero también consideran que el valor de un alimento debe estar ajustado a los precios de mercado.
Esta asimetría nos lleva a una profunda reflexión: ¿por qué cuesta menos estar alimentados que actualizados?
Los alimentos se producen ‘libremente’ en el entorno, y por miles de años no pagamos por ellos -los consideramos casi inagotables-, pero lentamente comenzaron a aparecer los jornales y productos industriales, haciendo que comprendiéramos que recogerlos, distribuirlos, hacerlos crecer y madurar tenía un costo, pero no fue suficiente para que pasáramos de aceptar que este costo debe tener implícito el verdadero valor de las cosas.
En Colombia, los alimentos son los que llevan el ritmo de la inflación, no solo por sus ciclos agrícolas, sino porque pesan cerca del 30 por ciento del IPC. Así, es claro que entre mayor sea el cambio de precios de los alimentos más lo sentirán las personas que tengan menos ingresos.
Ahora, la pregunta es clara: ¿cómo hacemos para que el mercado comprenda valor de los alimentos? Es obvio que podemos vivir sin muchas cosas, pero no sin ellos, sin embargo, eso no se ve reflejado en su precio y menos en su valor, el cual sí está siendo discutido (quizá equivocadamente) en la mesa de La Habana.
El futuro de Colombia pasa inevitablemente por la comprensión de su frontera agrícola y la imperiosa necesidad de autososteniblidad alimentaria, pero los procesos de construcción de riqueza en el país han sido contradictorios en este sentido. Hace muchos años, Hernán Echavarría planteaba un esquema de rentas presuntivas para hacer rentable el campo, y hoy el debate sobre la productividad de la tierra y las reservas campesinas parecen contradecirse.
El futuro del hombre es, el hombre en sí mismo, y por esto los bienes que consideramos baratos serán los que marquen la diferencia estratégica de las naciones. Nos confundimos con la imagen de los productos de altos costos de producción y no hemos comprendido que en la administración de la naturaleza está el futuro de la economía.
Los alimentos serán la pieza fundamental en el crecimiento y desarrollo de los países, pese a que algunos sigan en el sofisma de la tecnología, las comunicaciones y el confort. Colombia está a tiempo de sembrar su futuro y asegurar su posición geoestratégica en el mundo, y esto comienza por entender que la naturaleza no ha pensado en pequeñas parcelas, ya que la rentabilidad por hectárea solo existe en ecosistemas amplios y no lo que queremos limitar con un alambre de púas, o de lo contrario los costos de los alimentos serán tan altos que perpetuaremos la pobreza, inequidad e ineficiencia. No podemos confundir la paz de hoy con la condena del futuro.
Camilo Herrera
Presidente de Raddar

 
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