Impávidos quedamos los miembros de la Comisión Tercera al escuchar al Gerente del Banco de la República admitir que la revaluación del peso se les sale de las manos y que los instrumentos con que cuentan sólo logran que el daño sea menor.
Este diagnóstico tiende a agravarse, pues Colombia obtuvo el grado de inversión, con lo cual llegarán grandes capitales, especialmente especulativos, que presionarán el tipo de cambio. Por eso insistimos en implementar el control sobre los capitales golondrina, pero el Banco sigue haciéndose el de la vista gorda.
Nuestras exportaciones crecen de manera acelerada, llegando a US$43.200 millones de marzo a marzo del 2011. De estas, el 58% lo representa el sector minero y las tradicionales están en caída.
De continuar, afrontaremos la enfermedad holandesa, donde el sector minero genera riqueza, pero poco empleo, absorbiendo de paso al sector real, por aumentar desmesuradamente la importación de productos que reemplazan los nacionales, para mantener el control de la inflación. Esto ocasionará bienestar transitorio, pero aumenta el desempleo.
El narcotráfico es otro factor que hace casi inocua la intervención del Emisor. El último estudio realizado demuestra que este flagelo está en ascenso y representa 2,3% del PIB, más de US$7.000 millones al año; convirtiéndose en otra fuerte presión de oferta de dólares no manejada por la economía formal.
La recuperación de las remesas ha llegado a los US$4.300 millones, haciendo presagiar que comprando 20 milloncitos es un saludo a la bandera, más aún cuando al anunciar el monto de la intervención permite a los especuladores su tarea. De ahí el neutro efecto obtenido en tres años de intervenciones, pues la tasa de cambio actual corresponde a la de marzo del 2008 y a la de 11 años atrás.
Tampoco es consecuente que la Banca Central, subiendo tasas de interés, espere que los productores colombianos no continúen endeudándose en el exterior. Este rubro ha llegado a US$15.000 millones, logrando efectos contrarios a lo esperado con sus políticas.
Hoy, la balanza cambiaria es deficitaria y parecería que al Banco sólo le preocupa el control de la inflación, olvidándose de proteger el empleo. Prueba de esto es que, padeciendo el fenómeno de ‘La niña’ no se incrementaron los precios de los alimentos porque se importaron los productos afectados.
El Emisor está utilizando la revaluación para controlar la inflación, aunque pose de estar interviniendo para lograr mitigar este problema al sector exportador.
De ahí que tengamos inflación de 3,17%, desempleo de 12% y subempleo creciente. Mantener el control de la inflación y una devaluación que estimule el sector exportador mediante políticas monetarias es un imposible, por eso exigimos políticas menos ortodoxas como crear un estímulo exportador, donde se pague $350 por cada dólar exportado a las empresas de productos no tradicionales que mantenga sus nóminas.
Los exportadores no recibirían directamente un solo peso, para no ser tomado como dumping por la OMC, ya que cruzarían cuentas con el Gobierno frente al pago de parafiscales e impuestos.
Estos estímulos al sector productivo para la generación de empleo son muy inferiores en costos a los regalos mal dirigidos de AIS y a los subsidios del Gobierno anterior.
Le llegó la hora al Emisor para sincerar su política con respecto a la revaluación.