Sabía usted que febrero es el mes del año en el que en la última década se registran más matrimonios, aunque sea en el que menos colombianos cumplen años?
¿Que Cundinamarca es el departamento con mayor cantidad de registros civiles de matrimonio inscritos en los últimos 30 años, un total de 651.800 (incluidos los casorios de Bogotá)? ¿Que Caldas es el departamento con más cantidad de personas incluidas en el Registro Civil de Matrimonio en el mismo periodo (22,3%), en relación con su censo poblacional? ¿Que así las cosas, los paisas son los que más legalizan el himeneo?
Todas estas curiosidades vienen entreveradas en un muy completo informe, divulgado por la Registraduría Nacional del Estado Civil y su acucioso director, Carlos Ariel Sánchez, en estos días en que nadie le para bolas a nada diferente del sol y la tanguita (ver www.registraduria.gov.co).
El Registro Civil de Matrimonio, obligatorio desde agosto de 1970, cumplirá en el 2012 treinta años de haber pasado del sistema de tomo y folio al serial, que hizo posible su archivo y las estadísticas que hoy revela la entidad.
En su base de datos reposan actualmente un total de 2’955.480 registros civiles de matrimonio, inscritos entre 1982 y noviembre del 2011.
Como bien lo sintetiza el reporte, no es que entre 46 larguitos millones de habitantes patrios, sólo haya 6 millones de casados. Faltan los que se esposaron antes de 1982, las uniones libres o el ‘vámonos a vivir’ tan de moda, y quienes simplemente no se les ha dado la gana de registrar sus nupcias. Porque se le presta más atención al barullo de la boda y a la melosería de la luna, que al paso riguroso por una registraduría o notaría.
¿Para qué hacerlo, pueden preguntarse los cónyuges, ya enganchados y anillados? Aquí se les explica.
Porque en Colombia, tanto las uniones religiosas como las civiles deben inscribirse en el Registro Civil de Matrimonio dentro de los 30 días siguientes a la ceremonia y a la parranda, según el Artículo 67 del Decreto Ley 1260 de 1970.
Y le cuento más: el susodicho registro es la única prueba de la existencia de una unión conyugal, sea civil o religiosa.
El papelito es indispensable para adelantar procesos como sucesiones o sustitución de pensión, solicitud de auxilios o beneficios a que tenga derecho el cónyuge, y el suceso que se está presentando más que el mismo enlace: el divorcio y la cesación de los efectos civiles del matrimonio (mejor dicho, el patrimonio).
Después de Caldas, donde la tienen clarita, siguen Antioquia, Quindío, Risaralda, Santander y Boyacá.
El registro de matrimonios se difumina en Vichada (993 entre 1985 y 2011), Guainía (486) y Vaupés (351), zonas en donde la vuelta demora varios días e incluye diferentes medios de transporte. Las parejas de tortolitos prefieren casarse entre noviembre y enero, lo mismo que entre junio y julio, y le tienen terror al mes de la brujas.
Todo parece indicar que la gente se casa cada vez menos (y se divorcia cada vez más). O se marida, pero no se reseña. En 1995, el año récord, hubo 156.424 registros. Entre enero y noviembre del 2011, sólo 57.367. Después de saber que es más lo que se pierde si no se hace (registrarse, claro), ¿cambiará la cosa?
Carlos Gustavo Álvarez G.
cgalvarezg@gmail.com