¡Qué jartera las fiestas de disfraces! Siempre el mismo tipo huesudo disfrazado de esqueleto, con una guadaña precaria. El gordito que se chanta un par de colmillos, y la mamá le pinta ojeras y un hilito de sangre para que crea que asusta como Drácula. La muchacha ataviada con un vestido blanco y con el cabello platinado de Marylin. Siempre el pirata, el Herman Monster, El Zorro, el Juan Pablo Montoya, la parejita de El Chavo y...
Pero esta fiesta era diferente. Luego de una descarga de tweets y mensajes en el muro de Facebook, sabíamos el lugar, pero teníamos muchas dudas sobre el tema de los disfraces: 'Colombia'. ¿Colombia? ¿Qué identifica a Colombia? Es decir, a la Colombia presente, la que percibimos en los medios de comunicación, de la que no quieren saber nada niños y jóvenes.
Me arriesgué con un traje típico. La verdad iba a parecerme a Juan Valdéz, pero de pronto no dejaban entrar al amigo que había contratado para que hiciera de Conchita; así que me atavié con una combinación de Indio Rómulo + Indio Amazónico. Con sólo verme, los asistentes se totearon de la risa, y no me marginaron sólo porque me dediqué a hacerles reportería a los disfrazados.
--Usted sí es muy poco original --le dije a uno que me encontré vestido de Drácula, con unos colmillos larguísimos y garras en vez de manos. --No soy Drácula, pendejo --aclaró--. Soy un rábula.
--¿Cómo de qué película o qué? --Usted sí... Soy abogado. Y me dedico a chuparme los recursos del Estado. Dentro o fuera. Lo demando por las falencias de mis colegas y le gano, porque no hay quien lo defienda. No hay pierde y sí mucha plata.
Estaba pensando en el asunto cuando apareció uno que era amigo del otro. Se saludaba con todo el mundo y parecía el hombre que calculaba.
--Vengo disfrazado de contratista profesional --aclaró--. Financio campañas políticas y luego me siento a esperar contratos y a devorar presupuestos públicos. --Pero usted no necesita disfraz --le dije--. Sólo fachada.
No pude terminar porque en ese momento apareció una figura seductora y sensual que se metía en todas partes. Ubicua. --Mi amiga está disfrazada de corrupción --me dijo orgulloso el contratista profesional--. Es la dueña de la Fiesta Colombia, la más popular.
El rábula y el contratista profesional se fueron a bailar con la corrupción, ¡a gozar! Entonces me puse a deambular por la fiesta y encontré un poco de gente dormida, profunda, ida. No los despertaba ni DJ Tiesto.
--Están disfrazados de organismos de control --me explicó un mesero--. Puede hacer todo el ruido que quiera: no se inmutan. Muy cerquita, reconocí a unas personas que desde que llegué estaban golpeando a una piñata y nada que caía. Le daban y le daban, y ella, ahí. "Es uno de los disfraces más originales de la fiesta --escuché--: la Comisión Nacional de Televisión. Lo cierto es que le están pegando desde el Halloween de 1995 y nada que cae. Dura".
No, le dije a un tipo que no paraba de cantar la tabla, disfrazado de Gardeazábal: no sabe uno qué esperar de la Fiesta Colombia.