Llego tarde a la polémica sobre la presencia del líder cubano, Fidel Castro, en el billete de 1.000 pesos colombiano, y para colmo de males, por estar buscando lo que no se me había perdido.
Asistí a una conferencia de Andrés Oppenheimer sobre su libro Basta de historias. Conferencista avezado que es este importante periodista argentino, de repente saca de la manga un billete.
Y cuenta que pertenece a un país oriental que se desarrolló haciendo énfasis en la educación y la tecnología. Su mínima unidad en papel moneda, en vez de próceres y mártires del pasado tiene como efigie un dibujo del futuro. “En América Latina seguimos imprimiendo billetes con héroes de la Independencia –dice provocador–, y hasta un país cercano se refundó con el nombre de El Libertador”.
Me puse a mirar los billetes colombianos.
A rebuscar en su historia. Me sorprendió en esa pesquisa encontrar que ese pedazo de papel deleznable que circula de mano en mano como el dinero del diablo, es una obra de arte y precisión, nacida en la llamada ‘Central de efectivo’ que el Banco de la República tiene en Ciudad Salitre, en Bogotá.
El nuevo diseño de billetes de $1.000 salió a circulación el 17 de noviembre del 2006. Y en el reverso, justo bajo el sobaco de Gaitán, está Fidel Castro.
Con su bigote incipiente y los 22 años que tenía cuando estuvo en El Bogotazo. Está sombreado en medio de la multitud, al final de la firma de quien fuera asesinado ese lluvioso 9 de abril de 1948.
En Internet se llama ‘El gran secreto del billete de 1.000 pesos colombiano’, y hay una buena cantidad de videos al respecto y sobre mensajes ocultos en los papeles valiosos del emisor.
¿Es lícita la imagen en el billete más popular de Colombia? Hay quienes consideran una afrenta perpetuar de ese modo en un billete nacional la efigie de quien posteriormente, barbudo en el poder, tuviera tanta injerencia en la beligerancia asesina de la guerrilla en Colombia.
Ese es el anverso.
Y está el reverso. Si Fidel Castro estuvo en Bogotá para la Conferencia Panamericana, si como todo parece indicar, habló con el mismísimo Jorge Eliécer Gaitán, y si después, para bien o para mal, se convirtió en uno de los más importantes líderes mundiales en el siglo XX, pues que vaya en el billete dedicado a ‘El Caudillo’.
No se puede tapar el sol con las manos.
Claro que no falta la tercera versión de quien asegura que bastantes problemas tenemos, para ponernos a debatir la pendejada de un billete que hoy en día no vale nada.
Carlos Gustavo Álvarez G.
Periodista