El día que aparece esta columna, dígase mejor dicho o pongamos como caso el texto desplegado ante sus ojos, se cumplen 100 años del nacimiento o séase el momento en que Mario Moreno, más conocido como ‘Cantinflas’, ya que hay un nombre que es el primero y el de después, vea usted, porque la gente también se reconoce por su mote, motete o remoquete, como les iba diciendo, ‘Cantinflas’ vino a este mundo, ahí está el detalle.
Su imagen, conformada esta, cómo no, por el sombrerito ladeado, el bigotito esmirriado, la camisa de franela, la tiranta o para muchos calzonarias, que en ningún momento son los calzones de Arias como insiste el computador en convertirlas para hacer alusión a los del ex ministro en los cuales, por supuesto, hoy nadie quiere estar como verais, porque la vida de las personas es como la de las matas, primero te piden y después te podan, y a volar, joven.
Mucha gente se pregunta, inquiere o a lo mero reflexiona de dónde salió el nombre dicho, mejor el de ‘Cantinflas’, que pasaría, óigase bien a caracterizar al pelao y que muchos llaman el Chaplin mexicano, lo que se inventa la gente si cada quien es cada cual, ya que yo no me quito los años sino que no me los pongo, no señor, no hay derecho, que no siempre se la pueden cargar a los pobres, no faltaba más.
Decía como decía y manteniendo el hilo de lo que decía, no vayan a creer que me aparto del eje de la temática o que estoy hablando como escriben los jóvenes de hoy mismo en sus BB, con las palabras cortadas y en electrónico zaperoco o que tengo un vocabulario limitado como los profesionales que salen de la universidad con las mismas palabras con las que entraron, no señor, que si tengo alguna gracia es la facilidad de palabra.
Por eso y como les decía, del nombre de ‘Cantinflas’ escribió el licenciado Carlos Monsiváis, que sí pasó por el liceo, y lo atribuye a que achicado por el pánico escénico en la Carpa Ofelia, mejor dicho el circo.
No se confundan, no va y paguen lo que no les están cobrando, olvidé mi monólogo original y entonces comencé a decir lo primero que se me venía a la mente y así, como quien dice, de esa forma, concreté mi propia sintaxis que es como queda Bogotá en las horas pico, ni sangre ni arena, y alguien me dice ‘cuánto inflas’ o ‘en la cantina inflas’ y así me quedo como me conocen para qué les digo que no si vengo como un hacha, el señor Doctor.