Desde hace años se viene discutiendo tanto en centros de investigación, co- mo en la Ocde, el Foro Económico Mundial y la misma Unesco, sobre los eventuales riesgos que supone la adopción e implementación de algunas tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial.
Dichas preocupaciones alertan de la necesidad urgente de adelantar medidas preventivas de carácter regulatorio y técnico necesarias para mitigar riesgos para la seguridad, los derechos y las libertades de todos, en especial cuando de Inteligencia Artificial (IA) se trata, la capacidad de que algoritmos y máquinas logren no solo ejecutar tareas de manera autónoma, sino que a futuro sean capaces de ‘aprender’, discernir y tomar decisiones, algo que ya hoy por hoy la tecnología ha probado que es absolutamente posible y tangible.
Al iniciar el 2020, el Papa Francisco hizo un llamado a los líderes del mundo para abordar los cuestionamientos éticos alrededor de la Inteligencia Artificial como una prioridad, invocación que también hicieron Elon Musk, Stephen Hawking o Sundar Pichai de Alphabet, por mencionar algunos. Y es que las preocupaciones no son menores.
¿Cómo decidirá un vehículo autónomo, ante la inminencia de un accidente, cuál vida proteger, si la de del conductor o la de un peatón? ¿Cuál será la decisión de un algoritmo en un proceso de reclutamiento en el ámbito laboral, si aplica lo ‘aprendido’ o los sesgos de las organizaciones? ¿Sobre qué criterios y datos históricos se construirán los algoritmos que luego tomarán decisiones?
No hay garantía de que los sesgos, mitos y paradigmas humanos NO se trasladen por parte de los programadores a los mecanismos de decisión, o que el aprendizaje basado en datos se haga sin errores o manipulaciones, lo cual podría generar prejuicios y decisiones cuestionables en un futuro.
Colombia es el primer país latinoamericano que propone un marco ético para la Inteligencia Artificial y que inicia una discusión pública alrededor del mismo.
Este ejercicio será observado por Gobiernos de la región y expertos mundiales para aprender valiosas lecciones sobre el tema. El Marco propuesto tiene como principal propósito iniciar una discusión nacional sobre el impacto social de la tecnología, los límites que consideramos admisibles en su desarrollo y la forma cómo queremos que esta tecnología sea implementada en el país, por industrias, segmentos, los objetivos para cada una, sus beneficios y límites.
El marco ético no propone modelos regulatorios que puedan afectar el emprendimiento o la innovación. Sin embargo, sí genera los espacios de discusión y trabajo que serán muy útiles para cuando llegue el momento de regular algunos aspectos de esta tecnología. Todo esto apunta hacia un proceso de regulación inteligente.
La invitación es a participar en la discusión de este marco ético y poder tener una discusión, amplia e incluyente.
El tema de la IA cobra aún mayor importancia en el momento actual que estamos enfrentando y que ha aumentado el uso y adopción de la tecnología en el país. La pandemia no nos desviará de nuestros objetivos fundamentales de la agenda digital que propuso este Gobierno. Solo así lograremos un desarrollo sostenible, sólido, de la mano de la tecnología en un ambiente social y éticamente sostenible.
Víctor Muñoz
Consejero presidencial
@vicmunro