El costo Colombia o las grandes ineficiencias que agobian al sector productivo son la limitante para ser competitivo a nivel externo.
La entrada de dólares provenientes de los “commodities” enmascara y nos hace creer que somos la maravilla china lo que contradictoriamente ha terminado por limitar nuestra economía.
No hay nada de equivocado en ser rico en recursos naturales, pero esta entrada de dólares amplifica el costo Colombia, con una tasa de cambio valorizada que causa perplejidad.
Las medidas del gobierno parecen atacar apenas los efectos cuando son las causas de los problemas que hay que combatir que alimentan el proceso de desindustrialización, la infraestructura deficiente, el costo de la energía, las tasas de interés todavía elevadas, entre otros muchos males, haciendo de cuenta que el ambiente de los negocios es el más propicio y que no existe burocracia y corrupción.
Y algunos analistas afirman que con el TLC no ha pasado nada, pero si nisiquiera hemos arreglado la casa para recibir los invitados. Tenemos que aprovechar que por fortuna la crisis mundial nos ha concedido un plazo adicional.
El problema de la infraestructura logística del país es monumental, además de no existir carreteras, puentes, puertos, aeropuertos, no hay cadenas de refrigeración ni existe la oferta de servicio suficiente para atender volúmenes de exportación de carga aérea y para rematar los costos administrados del transporte terrestre son excesivos.
La mano de obra no es productiva, lo que requiere del país mayor calificación con formación técnica y profesional, acompañado de choques de innovación tecnológica.
Como existe una directa correlación entre competitividad y un alto patrón de innovación en procesos y productos, las empresas deben hacer un gran esfuerzo.
Los costos de la energía son elevados y las empresas con altos componentes en su costo de energía enfrentan serios problemas de productividad.
Esto es absurdo en un país como Colombia de predominancia hidroeléctrica.
Las tasas de interés son exorbitantes desde los créditos hipotecarios, consumo y de largo plazo para financiar inversiones fijas, es decir, se dificulta la formación bruta de capital y la generación de empleo, y para rematar no hay política industrial.
El costo del dinero permanece alto, lo que impide la ampliación del crédito, le quita una gran tajada al consumo mismo y eleva los costos del proceso productivo.
Mejor dicho, todo juega en contra de la productividad y competitividad.
Estos son unos pocos ejemplos, tal falta de productividad en Colombia no perjudica apenas a la industria, sino que compromete un crecimiento sostenible, afectando la generación de empleos y la creación de riqueza.
Con algunas pocas reformas fundamentales, el país puede crear el ambiente propicio para una “industrialización” acelerada, pero todas ellas deben estar enfocadas a nivel micro a un mismo objetivo que reviertan estas ineficiencias y que promueva el aumento de la productividad en los diferentes sectores económicos.
¿Donde está una agenda clara cuyo objetivo sea aumentar la productividad y reducir el costo Colombia?
En próximo artículo trataremos el tema macro del cambio estructural y competitividad.
Francisco Barnier
Tracker VSR Group Vicepresidente de proyectos especiales