La economía naranja, uno de los pilares del gobierno de Iván Duque, se puede contar ya como otra de las tantas víctimas de la pandemia del coronavirus. Si bien esta agenda ya venía perdiendo su prioridad desde antes de la llegada de la covid-19, las medidas de confinamiento han golpeado con ferocidad los sectores culturales y creativos.
Una gran parte de las actividades incluidas bajo la sombrilla de la economía naranja se cuentan dentro de las industrias más vulnerables y más golpeadas por el distanciamiento social.
Hoy en la Colombia bajo cuarentena obligatoria están cerrados o parados más de 300 teatros de auditorio, 1.200 salas de cine, 1.500 bibliotecas, 800 casas de cultura y 200 escuelas de danza, entre otros cientos de emprendimientos y negocios culturales.
Son precisamente las actividades artísticas y de entretenimiento uno de los sectores productivos de mayor vulnerabilidad a la covid-19, de acuerdo a un índice recientemente publicado por Corficolombiana. El alto nivel de informalidad de la cultura (73 por ciento), la necesidad de presencialidad y su exposición al contagio ponen a la mayoría de la economía naranja en parálisis.
Por ese motivo, a nadie sorprendió que, según el informe del mercado laboral del Dane del pasado mes de marzo, las actividades de arte, entretenimiento y recreación sufrieran el peor desplome, presentando una caída de 512 mil ocupados en todo el territorio.
Las respuestas financieras del Gobierno Nacional al sector cultural son a todas luces insuficientes. Un total de 260 mil millones de pesos no alcanza a cubrir el impacto severo de la cuarentena sobre los empleos naranjas, formales e informales, así como las empresas y los emprendimientos.
Cualquier plan de subsidios a la nómina que el Ejecutivo apruebe debe incluir al sector cultura, entretenimiento y recreación por su alta vulnerabilidad al confinamiento. El legado cultural de Duque cambió en dos meses de promotor naranja a salvavidas del sector.