El pasado martes la campaña presidencial en Estados Unidos tomó un nuevo rumbo. En este primer semestre de 2020, año electoral, la oposición demócrata desarrolla 57 elecciones primarias y asambleas para elegir al candidato que enfrentará a Donald Trump en los comicios generales que se celebrarán en noviembre próximo.
En esa temporada de primarias, una jornada se destaca entre las demás por el alto número de estados que votan- 14 de 50- y el número de delegados que eligen -un tercio del total a escoger-. Ese día es llamado el ‘supermartes’ y se celebró el pasado 3 de marzo con un resultado inesperado.
Con diez victorias de los 14 estados en competencia, el exvicepresidente Joseph Biden pasó en unos pocos días de estar a punto de retirarse de la contienda a convertirse en el nuevo favorito y líder en el conteo de delegados.
La carrera demócrata por definir a su candidato contra Trump está a partir del martes entre dos nombres: Biden y el senador Bernie Sanders. Mientras este, que se autodenomina “socialista”, lidera un bloque dinámico de jóvenes y el ala “izquierda” de la oposición demócrata, Biden es un producto del llamado “establecimiento” de ese partido.
Este pulso entre la carta de los centristas demócratas y la irrupción de nuevos liderazgos más progresistas no es nuevo. En 2008 se presentó con Hillary Clinton del lado moderado y Barack Obama como la nueva coalición. Y hace cuatro años, Clinton regresó como candidata centrista enfrentada al senador Sanders.
El dilema que hoy enfrentan los votantes demócratas en las más de 35 primarias que restan está en qué tipo de candidato opositor quieren para frenar la reelección del presidente Trump. El exvicepresidente Biden aspira a construir una coalición centrista capaz de aglutinar afroamericanos, minorías e incluso blancos de clase media y baja, mientras que Sanders le apuesta a un cambio más estructural. Por ahora la pelea entre ambos será delegado por delegado.