El aumento de los casos de coronavirus en los países de Europa Occidental ya se considera como una “segunda ola” de la pandemia. Los rebrotes en el Viejo Continente- que empiezan a competirles a los registrados en este lado del Atlántico- han llevado a la adopción de medidas restrictivas en Reino Unido, Francia, España y otros países.
El presidente francés Emmanuel Macron decretó un toque de queda nocturno para París y otras ocho ciudades galas. España cerró restaurantes y bares mientras los gobiernos de Berlín y Londres reinstauraron restricciones para las reuniones y medidas de distanciamiento social así como encierros locales.
En otras palabras, Europa vive un regreso a las cuarentenas que marcaron los meses de la primavera de este año. Todo esto a pesar de que los indicadores sanitarios mostraron que los contagios habían disminuido a un nivel tan bajo que fue seguro la reapertura social y económica durante la temporada de verano.
Esta segunda versión de los confinamientos en los países europeos resalta la dura realidad de que el coronavirus no se ha ido y que, sin la disponibilidad de la vacuna, los rebrotes son una realidad que impactan la salud y la economía.
Por otro lado, las cuarentenas versión 2.0- más focalizadas, menos estrictas y limitadas- recogen las duras enseñanzas que dejaron los confinamientos de la primera ola de la pandemia. Por ejemplo, el duro impacto de los cierres generalizados de todos los países y en todas las actividades productivas, la prohibición de las escuelas o la protección que generan medidas básicas como el distanciamiento social, el uso de tapabocas y el lavado de manos.
Mirar el espejo de Europa en estas semanas es útil para alistarse desde Colombia por si una segunda ola del coronavirus golpea al país. No hay espacio para darse el lujo de olvidar lecciones como la prohibición de las reuniones masivas, las medidas de salud y autocuidado y la protección a la frágil economía.