El reciente anuncio por parte del Gobierno Nacional del fin de la cuarentena abre nuevos desafíos tanto para la salud pública como para la economía. La reapertura que comenzará a partir del primero de septiembre traerá tanto alivio a muchos sectores económicos como un aumento del riesgo de contagio para muchos ciudadanos, en especial los jóvenes.
Aunque ya el tercer trimestre del año ha cruzado su punto medio, el comportamiento de la economía en este período es crucial para una contracción no tan severa a finales de este año. En otras palabras, el ritmo de la reactivación a partir del fin de los confinamientos será decisivo tanto para la salvación de muchos negocios y empleos como para la economía en su conjunto.
No obstante, si se revisan las dinámicas que han experimentado otras economías como las europeas y Estados Unidos, tras decidir abrirse de nuevo, se detectan muchos riesgos para la aspiración de una recuperación en V. Esto es, que el ritmo de recuperación de la actividad económica sea igual de veloz que el ritmo de la caída que se vivió mundialmente en el segundo trimestre.
Por ejemplo, el nuevo incremento en los casos en Europa de las últimas semanas ya frenó la velocidad de reactivación que tenían las economías del Viejo Continente. Los rebrotes y la disparada de contagios conducen inevitablemente al regreso a las restricciones y los cierres que, a su vez, golpean de nuevo a las actividades económicas.
Más que la reactivación y la reapertura, ya definidas por el Gobierno Nacional, la clave está en la sostenibilidad de estas decisiones tanto desde la salud pública como desde la economía.
Es decir, el fin de las cuarentenas no es tan definitivo ya que el crecimiento de los contagios podría llevar a las autoridades a encerrar de nuevo a ciudades o regiones enteras. Por otro lado, las empresas y los negocios enfrentan el reto de reanudar sus operaciones bajo estrictos protocolos que golpean sus ingresos. Todo se concentra en cuidarse.