Antes de la llegada del coronavirus a Colombia, las políticas para mejorar la competitividad del país estaban incluidas dentro de las prioridades de la agenda económica y empresarial del país.
Tres son los escalafones globales más prestigiosos sobre el tema- el Foro Económico Mundial, el Doing Business del Banco Mundial y el Instituto Internacional para el Desarrollo de la Gerencia (IMD).
Precisamente este último en su versión 2020 acaba de ser publicado y los resultados para Colombia no son los mejores. El país perdió dos posiciones en el ranquin general: 54 dentro de las 63 economías medidas.
Más que el puesto específico en el escalafón, estos ejercicios permiten analizar decenas de variables cualitativas y cuantitativas, y factores económicos, políticos, regulatorios, empresariales y sectoriales, en comparación con otros países del mundo.
La fotografía instantánea resultante no genera mayor sorpresa. El desempleo jaló hacia abajo la medición final del país así como los rezagos en infraestructura básica, tecnológica, energética y de banda ancha móvil.
Aspectos como la política tributaria, la internacionalización de la economía - el Gobierno lanzó recientemente una Misión para este tema específico- y las exportaciones de bienes bajaron asimismo la calificación nacional.
Las problemáticas económicas y sectoriales que frenan un salto de calidad de la economía en materia de competitividad están suficientemente diagnosticadas así como algunas políticas públicas, e incluso decisiones empresariales, que deberían tomarse sin demora.
No es momento de inventar hojas de rutas, ya concertadas y debatidas, sino de implementar las que tenemos pendientes. Las posiciones en estos escalafones brindan una perspectiva comparada de las áreas por trabajar, de los sectores que mejoran y las variables que se han deteriorado, como en este año las relacionadas a la situación del mercado laboral. La competitividad constituye un aspecto clave en la recuperación económica.