Tras varios años y más de un billón de pesos desembolsados, ocho ciudades intermedias se aprestan a estrenar sus nuevos sistemas estratégicos de transporte público (SETP). Santa Marta, Sincelejo, Montería, Valledupar, Armenia, Pasto, Popayán y Neiva tienen diferentes grados de avance en la puesta en marcha de sus ‘transmilenios’.
Si bien la percepción de la opinión pública sobre algunos de los sistemas de transporte masivo como el Transmilenio capitalino no es hoy la mejor, lo cierto es que la introducción de estos -al menos en sus primeros años de operación- ordenó y trajo eficiencia al caos de los buses y las busetas.
Uno de los desafíos más cruciales que hoy enfrentan las ciudades intermedias para mejorar su calidad de vida es la organización y modernización de su transporte público. Al contar con sistemas modernos, las urbes medianas, con población entre 250 mil y 600 mil habitantes, podrán implementar políticas de movilidad más eficientes que incluso incorporen nuevos actores como aplicaciones, patinetas eléctricas y bicicletas.
Como lo ejemplifican los sistemas integrados como Transmilenio en Bogotá, MIO en Cali y Metrolínea en Bucaramanga, la entrada en operación de estos ocho SETPs no será una tarea sencilla. La movilidad de estas ciudades cuenta con altos grados de piratería, de informalidad y de mototaxismo que dificultan la transición hacia los nuevos modelos. La conformación de empresas con gerencias eficientes así como la construcción oportuna de las infraestructuras y demás mobiliarios urbanos también son considerados obstáculos por superar.
Al igual que con sus antecesores en las grandes capitales, los “transmilenios” de las intermedias tendrán que luchar contra competidores informales y mantener un equilibrio financiero para sostenerse y crecer. A pesar de la billonaria inversión del Estado colombiano en los últimos años para el transporte urbano, las mejoras en este frente son lentas.
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