Como era de esperarse, los primeros días de esta “nueva normalidad” dejaron varias imágenes preocupantes. En ciudades como Bogotá se presentaron aglomeraciones peligrosas en tradicionales áreas de comercio y en algunas estaciones de transporte público, así como el regreso de los trancones en la movilidad urbana.
La actual etapa de reapertura en actividades sociales y sectores productivos apenas arranca y aún es muy pronto para evaluar sus impactos tanto en el frente sanitario como en el económico. No sobra repetir que, tras más de cinco meses de confinamiento, el país no ha derrotado al coronavirus. Aunque varios indicadores epidemiológicos nacionales y regionales han reflejado unas tendencias positivas, Colombia sigue teniendo más de 130.000 casos activos, los fallecidos han superado los 20.000 y el día de ayer se registraron 8.235 nuevos contagios.
La llamada “nueva normalidad” es un delicado balance entre la reanudación de actividades sociales y económicas, bajo protocolos de bioseguridad, y la lucha sanitaria contra la enfermedad. El levantamiento de cierres, cuarentenas y restricciones en el territorio nacional pone sobre los hombros de los ciudadanos una mayor responsabilidad individual frente a la protección contra la covid-19.
El uso de tapabocas, el lavado de manos permanente y el distanciamiento social constituyen las herramientas personales que ayudan a que los casos no se disparen. Reabrir ha significado un respiro para negocios, empresas y trabajadores. No obstante, mantener las puertas abiertas de la economía dependerá de que los indicadores de salud pública frente a la pandemia no se deterioren considerablemente. Un segundo confinamiento, así sea parcial y regional, implicaría un severo golpe tanto al ánimo colectivo como a las finanzas nacionales. En conclusión, para que la economía siga su proceso de reactivación, no hay que bajar la guardia en la protección contra el coronavirus.
framir@portafolio.co
Twitter: @pachomiranda