Hace pocos días la Universidad del Rosario y el Consejo Privado de Competitividad (CPC) presentaron un ranking de competitividad para las 32 ciudades capitales del país. La clasificación incluyó distintas variables e indicadores como la infraestructura, las TIC, mercado laboral, entorno para los negocios, salud, educación, innovación, entre otros.
No sorprende en absoluto el primer lugar del listado para Bogotá, ni que las más rezagadas sean las más aisladas como Leticia, Inírida, Puerto Carreño y Mitú. Además de la capital de la República, las ciudades más competitivas del país son Medellín, Manizales, Bucaramanga y Tunja.
Se destacan asimismo los saltos de tres puestos de Cúcuta y Santa Marta, así como avances sectoriales de las distintas capitales en indicadores específicos. En términos de facilidad para hacer negocios sobresalen Pereira y Manizales.
No son pocas las ventajas de ejercicios de medición de competitividad urbana como éste del Rosario y el CPC. En primer lugar, los 103 indicadores y 13 pilares brindan unas fotografías de las debilidades y fortalezas de cada capital departamental. Balance muy útil para alimentar los recientemente discutidos planes de desarrollo y las prioridades estratégicas de estas ciudades.
Segundo, el listado ratifica a Bogotá como líder en seis de los 13 pilares y permite identificar qué están haciendo bien otras ciudades como Manizales en la adopción de TIC, Bucaramanga en educación básica y Tunja, en salud.
Por último, el ejercicio comparativo, en especial para ciudades de tamaños y economías similares, constituye un insumo poderoso en la definición de políticas de desarrollo económico local. Es innegable que la pandemia del coronavirus ha trastocado prioridades, presupuesto y atención de los gobiernos locales. Sin embargo, la covid-19 no puede llevar a que se olviden discusiones cruciales para las ciudades como las mejoras en competitividad.