Conforme más se extienda en el tiempo la crisis económica generada por la pandemia del coronavirus, más generalizado se empieza a sentir el choque en las distintas actividades productivas. La sociedad y la economía entera sienten sus impactos vía oferta, demanda o encadenamientos productivos.
No obstante, no todos los golpes son iguales. Sectores económicos como el transporte aéreo, los alojamientos y los servicios de comida cerraron sus puertas desde los primeros días de la irrupción de la covid-19 mientras que otras áreas, como la agroindustria y los alimentos, nunca se detuvieron.
El Marco Fiscal de Mediano Plazo, que publicó el Gobierno hace unos días, identifica hasta 25 sectores de la economía en los que se proyectan daños y secuelas más permanentes. Estas 25 actividades productivas representan el 32 por ciento del Producto Interno Bruto nacional.
Una mirada a este bloque de la economía refleja la doble naturaleza de la crisis de la pandemia: sanitaria y económica. Están los sectores característicos de la economía de “alto contacto” y las aglomeraciones como las actividades artísticas (que participa con 1,8 por ciento al PIB), alojamiento y comida (3,9 por ciento) y comercio al por menor (7,7 por ciento).
Por otro lado están los sectores del golpe económico por problemas de demanda como las industrias extractivas, la construcción y la manufacturas. Así como los impactos sectoriales no son iguales, la capacidad de rebote de algunas de estas actividades tampoco será igual.
Por ejemplo, mientras los comercios podrán recuperarse más rápidos, los daños tanto en ingresos como en empleos de las aerolíneas, los hoteles o los restaurantes pueden ser más amplios y permanentes.
Ahora que Gobierno y sector privado apostarán en el segundo semestre a un proceso de reactivación económica, es el momento de discutir si algunos de estos sectores más golpeados deben recibir ayudas focalizadas.