Una de las consecuencias que ha traído la pandemia del coronavirus, tanto en Colombia como en otros países del mundo, ha sido la aceleración de la transformación digital en el sector financiero.
Las metas de bancarización del Gobierno Nacional ya se lograron ante no solo el aumento en el uso de productos financieros sino también ante los nuevos programas de transferencias monetarias para la población vulnerable. Los confinamientos, además, aumentaron el uso de los canales digitales de los bancos en vez de las oficinas físicas y distintos sistemas de pagos digitales en vez de los cajeros automáticos.
Estas dinámicas se complementan asimismo con una creciente disminución en el uso del efectivo en Colombia. De acuerdo a un estudio internacional de Minsait, entre 2018 y 2019, este uso habría caído del 93 por ciento al 80 por ciento. Con la irrupción del coronavirus y el temor al contagio por el contacto con billetes y monedas, estos mismos autores estiman una caída adicional en este indicador de hasta el 70 por ciento.
Esto no significa que Colombia esté ad portas de convertirse en una sociedad sin casi efectivo, como la promueven economistas como Kenneth Rogoff con ventajas en términos de evasión de impuestos y menos corrupción y criminalidad. De hecho, países similares a Colombia registraban antes de la pandemia niveles más bajos en el uso del efectivo.
Lo cierto es que los cambios en la adopción digital financiera y en la bancarización de la población colombiana deberían ser permanentes, aún después de que pase la crisis del coronavirus.
La pandemia podría dejar un porcentaje importante de ciudadanos no solo con un producto financiero sino también con un uso mayor y más continuado de canales, pagos y transacciones digitales.
Lo anterior implicará adaptaciones, por ejemplo en oficinas, servicios y productos, que el sistema financiero colombiano está más que listo para asumir.