El 2020 inició con una crisis política en Venezuela generada por la posesión de Juan Guaidó como presidente de la Asamblea Nacional. Las imágenes del mandatario interino del vecino país, saltando la reja de la sede legislativa mientras la Guardia Nacional se lo impide, recorrieron el mundo.
Era otro intento de Nicolás Maduro para restringir el ejercicio de las libertades democráticas en Venezuela y mantener de manera ilegítima el poder en Miraflores. Si bien por casi dos días la Asamblea Nacional tuvo dos presidentes proclamados, ayer Juan Guaidó finalmente tomó posesión como líder del parlamento con el apoyo de los parlamentarios opositores al régimen.
Estas tensiones en Venezuela ratifican que este año la lucha por la restitución de la democracia en ese país continuará. El Grupo de Lima, Estados Unidos, la OEA y varios países europeos no sólo condenaron las maniobras de la Guardia Nacional venezolana sino también renovaron su respaldo a la presidencia de Juan Guaidó.
Desde el punto de vista económico lo más probable es que la situación con los más de 1, 5 millones de migrantes venezolanos en Colombia continúe igual. Mientras no hayan cambios sustanciales en el régimen político del vecino país que le abran paso a una mejora económica, los ciudadanos autoexiliados no considerarán regresar, y hasta seguirán saliendo.
Medios internacionales como el Financial Times de Londres han editorializado recientemente sobre la frágil respuesta en términos de ayuda económica que la comunidad internacional ha brindado para atender la crisis humanitaria de la migración venezolana. Si bien los esfuerzos que Colombia ha hecho son reconocidos, la magnitud de la atención sobrepasa nuestra capacidad institucional.
Mientras la democracia legítima no retorne a Venezuela, la destrucción económica que expulsó a millones de migrantes continuará. Por eso en 2020 la estrategia de presionar al régimen de Maduro debe continuar.