Allí expone conductas del mercado bursátil, el valor de las acciones y la valoración de empresas. Explica lo sucedido en el 2000 a una empresa de Londres a la cual le sobrevaloraron las acciones a pesar de que el Jefe de Inversiones pensaba diferente al resto de inversionistas.
El señor prefirió convertir las acciones en efectivo porque consideró una sobrevaloración y, por lo tanto, con un alto riesgo, al estar encerradas en una burbuja que podía reventar en cualquier momento.
La situación llevó al inversionista a ser objeto de burla por otros, hasta el punto que le costó el puesto. Sin embargo, el mercado bursátil, efectivamente, mostró lo dicho por el Jefe de Inversiones y fue cuando se comprobó que la mejor decisión hubiese sido convertir las acciones en efectivo. El inversionista asumió una posición apartada, pero objetiva.
Harford habla de conductas seguidoras de rebaño. También dice que a muchos administradores de fondos se les paga por seguir la tendencia en lugar de elegir decisiones correctas. La historia se debe tener en cuenta en Colombia, puesto que hay muchos de los otros inversionistas.
Un error, producto de la decisión de seguir una tendencia para muchos es fácil explicarlo, porque le arriman la culpa al mercado. Muchas decisiones económicas en Colombia se dan soportadas por noticias, tendencias del mercado inmobiliario, explicaciones políticas o pronunciamientos de jefes de rebaños. Ante este contexto, se genera un temor al tratar de contradecir el poder mercado.
Se puede decir que estas conductas representan el caso del agente y del principal. Existen principales (ciudadano a pie) que siguen las noticias, piensan y toman sus decisiones por lo escuchado. Por otro lado, están los agentes o fuentes que originan noticias con un objetivo tal vez particular.
Hay diferencias entre las conductas del 2000 hacia atrás y lo que sucede desde el 2002 en adelante. Los datos se toman como simétricos desde el 2002, dado el reforzamiento que dan las TIC. Estamos aplicando la teoría del agente y del principal, no como usualmente se explica bajo un contexto de información asimétrica. En este sentido, se piensa que no hay riesgo moral y la selección adversa es inexistente.
No se puede hablar de buena economía y futuros efectos positivos de la inversión social y al mismo tiempo ocultar el riesgo que hay en los precios poco accesibles de la vivienda. Tampoco es lógico hablar de tasas de inflación controladas cuando están por las nubes el precio de la vivienda y el combustible. Igualmente, no son claras las volatilidades en los mercados financieros para el caso de las acciones y derivados.
¿Qué señal seguimos?
FRANCISCO MONTES
MAGISTER EN ECONOMÍA