Érase una vez un país llamado Colombia donde lo absurdo se convierte en lo cotidiano y se unta de un realismo mágico alucinante donde no parece tener límites nuestra capacidad de asombro y de desconcierto.
En todos los ámbitos de nuestro diario transcurrir los hechos que se producen parecerían sacados de una novela de ficción.
Por ejemplo en el país donde todos los días se manifiesta que estamos en el camino de la ‘legalidad’ e “integrar la seguridad y la justicia para derrotar la criminalidad”, según nuestro primer mandatario, se fuga una condenada a quince años porque le dieron permiso para mejorar su sonrisa, se desliza de un tercer piso pero cae como un saco de papas y ágilmente se levanta a pesar de los dólores, se monta en una moto y después de muchas peripecias, termina declarando sus ‘verdades’ en la justicia venezolana y dotando de un arsenal para los improperios dirigidos al gobierno y la clase política colombiana.
Todo un novelón. Sin embargo lo importante no parece ser confirmar si lo que dice es cierto y de serlo, condenar a todos aquellos que cometieron los delitos, sin concederles permisos para embellecer su sonrisa de guasones, sino simplemente ningunear lo dicho porque lo manifestó dónde no debe ser.
Y, el nobel fiscal lo dice con seriedad y energía. No acepta declaraciones en tierra de un “dictador”. Esa es la anécdota. La realidad es que los delincuentes de cuello blanco gozan de la impunidad de la legalidad.
Y, otro ejemplo del absurdo: se pretende fortalecer “el Emprendimiento el cual tiene que ver con una sociedad que valora y entiende la micro, la pequeña, la mediana y la gran empresa como una oportunidad para la formalización laboral”.
Mientras tanto crece el desempleo, el subempleo, si las microempresas se formalizan se quiebran por las exigencias de una burocracia todopoderosa. Muchos jóvenes tienen más “cartones que un tugurio” y cada vez ganan menos o simplemente no ganan.
Aumenta la desilusión y ante su protesta los invitan a la “conversa” interminable e infructuosa. Eso sí sus protestas las descalifican el gobierno y los encapuchados. Mientras tanto avanza la guerra, asesinan líderes sociales y se desvirtúa el Acuerdo de Paz.
“Legalidad y emprendimiento conducen a la equidad” nos plantean como tercer pilar. Una formulación vacía. ¿Qué quiere decir? No tengo ni idea, de dos premisas incorrectas se llega a una conclusión errónea. Eso, queridos lectores, es un sofisma.
En el entretanto, no mejora la distribución del ingreso, aumentan las exenciones al capital improductivo, se fortalecen los grupos económicos que con su poder de mercado eliminan la competencia. Hay un crecimiento espurio pero no desarrollo ni sostenibilidad. Las utilidades aumentan y la inequidad también.
Dicen que los profesores debemos enseñar a los estudiantes a hacer las preguntas y buscar las soluciones. El problema es que no existe una identificación de nuestros problemas sociales y económicos y por lo tanto no nos interrogamos sobre nuestra realidad.
¿Ustedes se imaginan siquiera hacia dónde nos dirigimos? Se nos refundió la brújula y parecería que estamos en un barco a la deriva y, la verdad, con el embellecimiento de las sonrisas no se maquilla la desesperanza.
Germán Umaña Mendoza
Profesor
germanumana201@hotmail.com