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El judío errante

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Aún perdura la leyenda antisemita del judío errante Ahasverus, Ausero o Joseph Cartaphilus. El primer documento escrito se remonta a 1602 en Alemania y los nazis lo aprovecharon en su antisemitismo. Sería un zapatero que empujó y echó a Jesús de su puerta cuando se detuvo fatigado camino al calvario. A ese odioso ser Jesús le habría dicho: “Yo descansaré, pero tú andarás sin cesar hasta que yo vuelva”. Para otros fue un guardia que empujó al divino Maestro cuando salió del Pretorio cargando su cruz. Borges y García Márquez se refieren a él porque su figura impacta y despierta mucha curiosidad. La leyenda es perversa, ya que habla mal de Jesús por un castigo injusto, y de los judíos, pero aun así tiene su lección: de algún modo nos refleja a todos cuando obramos mal, no hay vestigios de perdón y el desamor le gana a la compasión. Compasión es entrar al corazón del ofensor y asumir o entender su inconsciencia, sus carencias y sus vacíos para no juzgarlo.
Una persona que se exasperaba con frecuencia por las ofensas recibió este consejo de un maestro: “Cuando algo te afecta mucho es que aún no te perdonas haber actuado así antes o te ves reflejado allí. El otro es tu espejo y no aceptas que estás o estuviste con la misma ceguera o inconsciencia”. Es verdad, en el momento que te perdonas y asumes todo en paz, dejas de juzgar y ves al otro con los ojos del amor, de la compasión. Ves claro que ese ser está en su proceso y que hace lo mejor que puede según su evolución espiritual. No le pidas a un cachorro que cace como mamá osa, no le pidas a un cactus que te regale manzanas. Sé paciente, sé tolerante, perdona y di sin cesar: lo dejo pasar, no vale la pena. Sí, no quiero perder mi paz por esto. ¿Qué tal si sigues este consejo? Cuando estés mal repite varias veces: lo dejo pasar, comprendo, perdono. Tu paz vale oro.
Los colombianos para disfrutar de una paz esquiva no solo vamos a tener que tragar muchos sapos gigantes, también vamos a necesitar raudales de compasión y perdón, como lo vivieron otros países que fueron asolados por la violencia y hoy gozan de paz. Como afirma Desmond Tutu, el premio nobel sudafricano, “sin perdón no hay futuro”. Las palabras que necesitamos meditar y asumir son las de Jesús en la cruz: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”, no las de la leyenda antisemita. Y de verdad “no saben lo que hacen”, porque eso es lo que le sucede al que anda errático en el oscuro espacio de la inconsciencia, el odio, la rabia o la venganza, sea en una postura de izquierda o de derecha.
Perdón, verdad, justicia y reparación son los pilares de una paz que no depende de una firma, sino de un cambio de actitud, de ser amorosos y compasivos. La paz auténtica nace de un buen corazón que le apuesta a la fraternidad, no al enfrentamiento. Sin perdón seguiremos perdidos como el judío errante que nunca encuentra sosiego.
Gonzalo Gallo González
Escritor - Conferencista
charleschaplin@oasisgonzalogallo.com
 
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