De acuerdo con el informe sobre balanza de pagos publicado por el Banco de la República, la economía colombiana tuvo en 2011 ingresos por 96.893 millones de dólares, en tanto egresos que sumaron 93.550 millones, para un superávit de 3.343 millones.
Esta sería una primera explicación al fenómeno revaluacionista. Como ninguna tutela ha podido derogar la ley de la oferta y la demanda, la tasa de cambio no puede ser la excepción.
Por otra parte, el Emisor hizo compras de dólares durante el año por valor de 3.744 millones, una cifra muy similar a dicho superávit.
En consecuencia, la tasa de cambio ha debido mantenerse estable y no haber caído.
La explicación más acertada es que los flujos de divisas no tienen comportamientos lineales, sino que pasan por periodos de alta volatilidad, alimentada por factores especulativos que, a su vez, obedecen, en su mayoría, a factores ajenos a la economía nacional.
Otra explicación -no muy amable- sería pensar que al mercado institucional cambiario que produce la TRM, llegan dineros de actividades no debidamente registradas, aunque no necesariamente al margen de la ley.
Así las cosas, vale la pena analizar los saldos parciales que arroja cada una de las subcuentas de la balanza global para identificar claramente dónde está el origen de la mayor oferta total sobre la demanda total.
Por exportaciones en bienes físicos, Colombia recibió 57.740 millones de dólares e importó 52.225 millones, para un saldo favorable de 4.621 millones.
Osado sería proponer que, para frenar la revaluación, se deba desestimular este tipo de compras, cuando está demostrado que su gran desempeño está sustentado más en niveles récord de precios que en volúmenes físicos vendidos.
A atajar un poco la caída del dólar contribuyeron las transacciones en bienes intangibles o servicios personales.
En turismo, transporte internacional y asesorías extranjeras somos deficitarios.
Si nos volviésemos más competitivos, ¡habría más revaluación!
Afortunadamente, por intereses al capital extranjero y dividendos a la inversión extranjera pagamos un mayor valor de 15.820 millones.
Donde definitivamente sí somos absolutamente ‘exitosos’ es en las remesas familiares, que junto con otras pequeñas cosas, produjeron la bobadita de 4.947 millones.
Reflexión: si el Emisor comprase directamente todas estas remesas o el gobierno reemplazase este ingreso familiar con un subsidio directo a sus beneficiarios, se acabaría la revaluación.
La combinación de todas estas transacciones se tradujo en un déficit contable de 9.980 millones de dólares que debería haber producido una fuerte devaluación del peso.
Uno de los programas bandera del gobierno nacional es la promoción de la inversión extranjera. Gracias a su éxito, más los créditos externos recibidos, especialmente por el sector privado, la cuenta financiera presenta un excedente de 13.332 millones de dólares que compensa con creces el menor valor observado en la cuenta corriente, y se convierte en fuente y origen de la revaluación del peso.
Si este es el problema, no hay que ir a buscar el cuerpo del ahogado aguas arriba.
Gonzalo Palau Rivas