La Bolsa de Valores de Colombia, entendida como la plaza bursátil resultante de la integración de las tres bolsas regionales existentes anteriormente, acaba de cumplir 10 años de funcionamiento y en honor a la verdad hay más de un motivo de satisfacción por los logros obtenidos en estos dos lustros.
Lo primero es recordar que, a pesar de que la matemática sencilla indica que uno más uno más uno da como resultado tres, en este caso el efecto final no ha sido de simple adición, sino multiplicador, en materia de impacto económico, cobertura nacional, capitalización de las empresas y especialmente de oportunidades de inversión para los ahorradores.
En este entorno favorable vale la pena hacer unos comentarios sencillos, pero muy dicientes acerca de su principal indicador, el Igbc o Índice General de la Bolsa de Colombia, que mide el comportamiento de los precios de las principales acciones que en ella se transan, haciendo la salvedad de que este indicador refleja una realidad importante, pero que sólo abarca entre un 2 ó 3 por ciento de las transacciones totales.
El 4 de julio del 2001, fecha en que la nueva Bolsa vio la luz, el Igbc arrancó con una base de 1.000 puntos y al cabo de los 10 años de vida (junio 30 del 2011) llegó a la cifra de 14.067, sin que este último valor haya sido necesariamente el más alto de todo el periodo.
En octubre del 2010 estuvo a punto de tocar el techo de los 16.000 puntos. En plata blanca este comportamiento estaría diciendo que un inversionista común y silvestre que hubiese comprado hace 10 años acciones de las empresas incluidas en la canasta bursátil, hoy tendría un patrimonio de $14’067.000 representados en acciones de esa misma canasta, con las modificaciones que esta última haya tenido en cuanto a su composición.
A título de ejemplo, acciones de Ecopetrol o Davivienda en vez de acciones de Bavaria.
Si ese mismo inversionista hubiese colocado el millón de pesos en un CDT a 180 días –de acuerdo con la DTF vigente en cada periodo y aún capitalizando los intereses– su patrimonio actual sería de apenas una cifra ligeramente superior a los $2’000.000.
Una valorización de dos veces frente a las 14 veces proporcionada por la inversión en acciones.
Es claro que la rentabilidad de las acciones no está para nada garantizada ni es constante a través del tiempo.
El promedio simple de los 10 años fue del 34% anual con unas etapas muy buenas: el 2005 con el 85% y el 2003 con el 68%, y otros bajos, como el 2009 con apenas el 7,63%, o incluso uno negativo, el 2008, con una desvalorización del 13,71%.
En resumen, la experiencia de 10 años estaría reafirmando que la inversión en acciones resulta más atractiva en el largo plazo, siempre y cuando el entorno económico general sea favorable.
Esto se tiene que reflejar en los resultados de las empresas; cuando la economía va mal, eso también lo muestra el índice. En los fatídicos años de recesión del 98 y 99, el índice de la época tuvo desvalorizaciones dramáticas. A los que estén nerviosos por lo ocurrido en los primeros días de julio, calma que esto se mejora, en la medida en que el PIB siga creciendo.