Finalmente, la Cámara Baja de EE. UU., dominada por el Partido Republicano, no aprobó el desmonte del recorte presupuestal acordado en agosto del 2011, cuando el tema crucial era subir el techo de la deuda. Dentro de la negociación de ese entonces, se pactó el recorte por US$85.000 millones, que entraría a operar a partir de este mes. El tiempo pasa y no hay deuda o compromiso que no se venza y, por tanto, haya que cumplirlo.
El recién reelegido presidente ya manifestó su disgusto y desagrado por la decisión adversa de la Cámara, así el Senado hubiera votado en línea con el Gobierno. El asunto no es solo de carácter económico, sino de hondo contenido político. En un régimen parlamentario como los que mayoritariamente prevalecen en Europa Occidental, un descalabro de estas proporciones hubiera significado la renuncia del gobierno de turno y la convocatoria a nuevas elecciones. Desde el punto de vista económico, aparentemente el impacto es relativamente menor, pues al fin y al cabo ese monto de US$85.000 millones representa un porcentaje muy pequeño del presupuesto federal.
Sin embargo, Obama no ha ocultado su disgusto y desagrado por las consecuencias económicas que se puedan derivar del recorte: posible aumento del desempleo, pues se estima que de aquí a septiembre unos 750.000 empleados públicos podrían quedar cesantes o subempleados, y las condiciones actuales de la economía del país no permiten pensar que el sector privado vaya a absorber toda esa mano de obra disponible. Pero existe el riesgo de un efecto multiplicador negativo o perverso, en la medida en que las familias afectadas por el desempleo, reducirán significativamente sus niveles de consumo con grave impacto para las ventas de las empresas y para el desempeño de la economía en su conjunto.
Surge la duda de si en la decisión de la Cámara prevalecieron consideraciones o intereses políticos (¿politiqueros?) sobre las recomendaciones de política económica. Suele suceder, muy a menudo, y este es uno de los costos de la bendita democracia. Lo llamativo es que el recorte de gastos e incluso el aumento en los impuestos es lo que la ortodoxia económica, representada por la nunca bien ponderada ‘troika’ supranacional, es lo que les viene exigiendo a países en serias dificultades o abiertamente en crisis, como Grecia, Irlanda, Portugal, España e Italia, y los que vengan en el futuro. ¿Por qué lo que Obama considera un expropósito para su economía, es lo que sus representantes en los organismos multilaterales recomiendan a los demás países, que no son propiamente enemigos, sino sus principales aliados?
Como en este mundo globalizado todo está interconectado, la política expansiva monetaria de la Reserva Federal hace sentir sus efectos también en Colombia. Nuestro Minhacienda está preocupado porque los bancos reduzcan la tasa de colocación. Personalmente, doy fe de que los bancos en nuestro país están inmersos en la trampa de la liquidez. Solo en un día, en tres oportunidades, he recibido sendos mensajes de funcionarios de un mismo banco, ofreciéndome crédito a manos llenas. Para más señas, es el banco en el que quizá Obama tenga alguna participación accionaria. Este acoso comercial me tiene indignado a mí, tanto como la decisión de la Cámara al Presidente de los EE. UU.
Gonzalo Palau / Profesor, U. del Rosario