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El fantasma de la deuda externa

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Una encuesta aleatoria que se realizara entre un número significativo de ciudadanos de a pie, en la cual se les preguntara o indagara a cerca de su percepción sobre la deuda del Gobierno Nacional, muy seguramente daría como resultado una visión generalizada muy negativa, enfocada especialmente hacia el componente externo de la deuda pública total.
La realidad o verdad verdadera se aleja radicalmente de esta apreciación. Argumento de más para tener en cuenta cuando en otros ámbitos se adelantan sondeos que a la postre terminan siendo muy poco representativos de la realidad (caso, por ejemplo, del voto en blanco en las pasadas elecciones). No necesariamente por manipulación o mala fe, sino simplemente por graves deficiencias en la muestra (calidad y cobertura de la misma) o por la manera de formular la pregunta, que implica, en la práctica, una sola respuesta.
Si al ciudadano de a pie le preguntan textualmente algo así como “¿está usted de acuerdo en que para garantizar la felicidad de cada colombiano, el Gobierno cancele su deuda externa y no vuelva a endeudarse?”, no cabe duda de que la respuesta, casi que unánime, sería un rotundo sí.
Sin embargo, los más acertados y bien informados serían aquellos que respondiesen “no sé o no poseo suficiente información”.
De acuerdo con las estadísticas publicadas por el Banco de la República en su página de internet, la deuda externa del Gobierno colombiano a diciembre del 2013 ascendía a 43.000 millones de dólares, que traducidos a pesos serían algo muy cercano a 85 billones de pesos.
Cifra gruesa, indudablemente, pero que hoy por hoy representa apenas 12 por ciento del PIB nacional. Por el contrario, el componente interno de la deuda pública, aquella que nace y crece semana tras semana en función de las emisiones de TES, ya está por encima de los 170 billones de pesos (25 por ciento del PIB).
En otras palabras, congratulaciones a aquellos ciudadanos que con instinto patriótico y la mano en el centro del corazón, manifiestan su preocupación por el monto de la deuda externa pública.
No obstante, con el mismo sentimiento patrio, ¿qué actitud asumir frente a la deuda pública interna de ese mismo gobierno y que asciende a más del doble de la anterior?
La diferente actitud, irracional e injustificada, no puede basarse en el simple argumento –a veces traído a cuento– de que en caso extremo de afugias financieras, al Gobierno ¡le resultaría menos engorroso y problemático defraudar a sus propios ciudadanos que a los acreedores de afuera!
Otro fantasma de la deuda externa es aquel según el cual estamos hasta el cuello con el benemérito y filantrópico Fondo Monetario Internacional.
Nada más lejano de la realidad. En este momento e incluso en lo corrido de este siglo XXI, no hemos recibido un solo desembolso directo de ese organismo.
Es cierto sí que debido al acuerdo Stand By, suscrito en el 2000 y finiquitado en el 2006, y en virtud de la actual Línea de Crédito Flexible, Colombia ha podido restablecer su imagen en los mercados financieros externos y acceder a recursos frescos de inversionistas de diferentes latitudes. Esto fue muy importante, así sea igualmente cierto que el apoyo del FMI, sin costo financiero directo, sí estuvo y ha estado condicionado a muchas decisiones de política económica. Ahí está el aumento reiterativo en el precio de los combustibles, para no citar sino el más elemental de los ejemplos.
Gonzalo Palau Rivas
Profesor, Universiadad del Rosario
gonzalo.palau@urosario.edu.co
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