Dos decisiones importantes han anunciado los bancos centrales de Colombia y de Estados Unidos, conocidos popular y respectivamente como Banco de la República (BR) y Reserva Federal (FED).
En el primer caso, se trata de la compra por veinte millones de dólares diarios, que al cabo de siete meses significará aproximadamente una acumulación de reservas por cerca de tres mil millones de dólares.
En el caso de la (FED), se trata de la compra, en un plazo similar, de bonos de deuda del Gobierno norteamericano por valor de seiscientos mil millones de dólares. Algo va de tres mil a seiscientos mil, aún teniendo en cuenta las normales diferencias que caracterizan a una y otra economía.
¿Qué buscan una y otra entidad en cada uno de los casos reseñados? Nuestro BR pretende luchar contra la avalancha de la revaluación del peso, a pesar de una tímida reversión de tendencia observada en unos pocos días. Aunque no es el propósito inicial, estas compras permanentes tendrán también un efecto monetario expansivo y de ahí que el monto definido sea de escasa incidencia.
La FED, por el contrario, busca inyectarle una inmensa liquidez a la economía de su país con el fin de darle el empujón que ella requiere para sacarla de la situación de inmovilidad en que aún se encuentra. Es una medida claramente de política monetaria superexpansiva con el propósito ya señalado.
Los directivos de la FED, en la reciente reunión del G-20, rechazaron la hipótesis de que el propósito sea devaluar el dólar con el fin de mejorar la competitividad de sus productos de exportación. Que este efecto se pueda dar como resultado de la gran cantidad de dólares que por todos los rincones del mundo van a circular, es también muy posible, pero la prioridad es apuntalar el mercado interno, vía más consumo de las familias y más gastos de inversión de las empresas.
Se trata entonces, en el caso del BR, de una medida de política cambiaria con posibles efectos monetarios, en tanto que en el caso de la FED, de una medida de política monetaria con posibles efectos cambiarios. Sin embargo, los efectos monetarios nuestros no le harán ni un rasguño a la economía norteamericana, mientras que los posibles efectos cambiarios de ellos sí se van a hacer sentir en nuestro entorno, con un muy posible recrudecimiento del proceso de revaluación del peso.
¿Cómo puede combatir un ejército de tres mil unidades contra otro que tiene en sus filas a seiscientos mil integrantes? Con sólo pensar que un 1 por ciento de ese gran total, tarde o temprano, se dirija a nuestro territorio, tendríamos seis mil millones de dólares adicionales, que se sumarían a los que ya nos llegan por bonanza minera, remesas de familiares, inversión extranjera de capital y por operaciones de crédito en el exterior, tanto del sector público, como del sector privado.
No causa entonces sorpresa que en el marco de la reunión celebrada en Medellín, de los más prestigiosos economistas de la región, el diario El Colombiano haya titulado en primera página: 'La revaluación no tiene reversa'.
No causa tampoco extrañeza que en el marco de esa misma reunión, un reconocido profesor de la Universidad de los Andes se haya atrevido a mencionar esa fatídica palabra de muy poco recibo en el seno de la ortodoxia tradicional, pero cada vez más desafiante y provocadora: 'dolarización'.