Guerra en los aires

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Estos retos y sus consecuencias económicas han reducido la competencia de la gran industria aeronáutica a solo dos actores, en lo que John Newhouse denomina el 'duopolio', en su interesante libro 'Boeing Versus Airbus'. Todo empezó cuando las entonces poderosas McDonnell Douglas y Lockheed trataban de defenderse del imperio del Jumbo 747 de Boeing. En esa lucha fratricida las dos llevaron las de perder, pero particularmente Lockheed, porque su Tristar L-10-11, aunque de diseño muy similar al DC-10 de su competidor, sólo admitía las turbinas contratadas con la británica Rolls Royce. La sección aeronáutica de este famoso fabricante de automóviles, que había subestimado el costo de los motores, entró en quiebra y tuvo que ser rápidamente apoyada por el gobierno de Su Majestad. Lockheed, a su vez, logró reducir los costos de inmovilización de las estructuras en tierra y el reajuste en los precios de las turbinas, mediante créditos subsidiados. A pesar de que en esa guerra de las cabinas anchas se suponía una mayor eficiencia de los trireactores DC-10 y L-10-11, pocos vuelan hoy, mientras los 747 siguen reinando, gracias a que pueden llevar más de 400 pasajeros entre sitios tan distantes como Nueva York y Hong Kong o Bangkok, sin reabastecerse de combustible.
Pero la guerra de los gigantes regresó, aunque con diferentes estrategias. Mientras Airbus se concentra en el enorme A-380, capaz de transportar más de 500 pasajeros entre las ciudades principales de Asia y Norteamérica, emulando de alguna manera la tarea de los 747-400, Boeing espera llevar alrededor de 300 pasajeros en su nuevo 787, pero cubriendo un número mayor de ciudades en distancias similares. De otro lado, Airbus no sólo divide entre los cuatro países que forman este consorcio europeo la propiedad de sus acciones, sino las labores de manufactura, lección que probablemente ha llevado a Boeing a contratar más de un 35 por ciento del 787 con tres poderosas japonesas: Mitsubishi, Fuji y Kawasaki. En realidad, cerca de 70% de las partes del nuevo aparato está siendo fabricado fuera de los E.U. A pesar de que las dos tienen atrasos en las entregas -parece que en mayor grado Airbus- seguramente esta guerra resultará ventajosa para los pasajeros; de manera que seguiremos volando, hasta cuando decidamos pedir con Mafalda que: ¡paren este mundo que me quiero bajar!
horacio.ayala@etb.net.co

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