La pesadilla americana

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Nuestros viajeros pasan la máquina de rayos x, pero, súbitamente, son desviados hacia otra máquina de aspecto extraño. No hay tiempo de pensar o de observar: uno a uno, literalmente son empujados adentro. La puerta de vidrio se cierra y de pronto se oye un ruido seco, acompañado de una fuerte corriente de viento que golpea y atraviesa el cuerpo de los sorprendidos ciudadanos. No ha terminado de abandonar el fantasmagórico cubículo, cuando al otro lado, dos o tres sujetos gritan ¡Siéntense ahí...! ¡No se muevan...! ¡No toquen nada..! En ese instante es inevitable pensar en Guantánamo y en los procedimientos de tortura que el Congreso americano condena, pero que su Presidente avala y defiende. No obstante, se atreven a levantar la mirada para buscar sus pertenencias y descubren que la siniestra máquina es un detector de explosivos. El contenido de las bandejas es minuciosamente escudriñado, hasta que por fin aparece una pequeña botella de agua, que es exhibida con gesto triunfal. Este extraordinario hallazgo estimula a los acuciosos uniformados a tratar de encontrar los demás ingredientes para fabricar las bombas; pero como no aparecen, los viajeros se visten y se van, no sin antes reclamar un pequeño broche de plata, que un oficial con aspecto de gringo saca de su bolsillo y devuelve de mala gana. Gracias a este rito, más de un viajero ha perdido su billetera.
Los viajeros de marras, quienes solo perdieron el vuelo, resignadamente suben a un bus para intentar otra ruta. Su conductor, notoriamente centroamericano, se dirige a su amigo, negro de habla hispana: ¡Compadre, yo vine a este país hace veinte años escondido en un camión... entonces se podía hacer vida, pero este país ya no es el mismo... es hora de volver a cuidar a la vieja! ¡...No se gana nada, todo está caro y solo nos dejan hacer los trabajos sucios, mientras los gringos se enriquecen más...! ¡...La guerra es puro negocio, ahí está el papá de Bush con los contratos de suministros en Irak... la leche, el agua, las botas de los soldados, todo se lo venden ellos...!
La paranoia está enloqueciendo a los americanos y seguramente influye sobre los problemas de su economía. Por cuenta de la política de atacar a todos los amigos para defenderse de unos supuestos enemigos, se maltrata sin razón a los turistas y se los destierra de los aeropuertos, a pesar del menospreciado dólar. Ojalá con el cambio de gobierno regrese el respeto por la gente. ¿Cuántos terroristas han detectado con esas máquinas de tortura?

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