Hace unos años el famoso historiador británico Niall Ferguson publicó un libro denominado ¿Qué hubiera pasado si...? .
En el se especulaba sobre el curso de la historia en el caso que ciertos acontecimientos se hubieran dado. Con la misma mirada crítica de Ferguson, vale la pena examinar el Bicentenario de la Constitución de Cádiz, conmemorado el pasado 19 de Marzo.
La reflexión es valida, porque La Pepa, como se le bautizó a la Carta, debido a su promulgación el día de San José, se constituyó en una de las más influyentes constituciones liberales de la historia. Lo más interesante de ella se deriva de haber nacido como reacción a la ocupación francesa en España y de surgir como respuesta a la opresión, con un ordenamiento jurídico asentado en la soberanía popular.
La Pepa incluyó tajantemente los fundamentos de la separación de poderes, la libertad de expresión, el derecho a la propiedad, la libertad de prensa e igualó los derechos de los ciudadanos de América con los de la Península Ibérica. En cada uno de sus 10 títulos y 380 artículos sobresale una vocación vanguardista y el preámbulo de un Estado orientado por ciudadanos libres.
La Constitución de Cádiz fue una ruptura histórica con la tradición Monarquista, donde el soberano consolidaba todos los poderes. De alguna manera, y quizá sin ser su principal propósito, supo entender el movimiento autonomista, mas no independentista que hasta ese momento prevalecía en las lejanas tierras de América.
El artículo 10 de la Carta expreso que &ldquoel objetivo del Gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el fin de toda sociedad es el bienestar de los individuos que la componen&rdquo.
Ejemplos como este, al igualar los derechos de los americanos e ibéricos, respondían a los clamores que al otro lado del Atlántico reclamaban con ahínco los Nariños, Caldas, Torres, Mirandas y Carboneles. La historia de la Pepa fue fugaz. Una vez retornó al trono Fernando VII no solo la derogó de tajo, sino que inició una persecución inmisericorde contra sus promotores y creadores.
Curiosamente al ver los sucesos desatados por el joven Monarca, las voces independentistas se exacerbaron en América y el ordenamiento constitucional de Cádiz se convirtió en la fuente de inspiración de las constituciones promovidas desde Colombia hasta el Río de la Plata. ¿Qué hubiera ocurrido si la Pepa no hubiera sido derogada por Fernando VII? Nadie lo sabe.
Tal vez la autonomía de las Américas se hubiera gestado y las voces de Acevedo y Gómez hubieran encontrado respuesta.
Posiblemente, muchas cosas hubieran unido a los dos continentes en objetivos comunes. Lo cierto es que nuestra realidad cambió para siempre con la muerte de la Pepa y desde Bolívar y Santander hasta Iturbide o Artigas, se inspiraron en ella para construir la América Republicana. Han pasado dos siglos y con el lente de la historia se admira la genialidad de aquellos héroes liberales de Cádiz y se cuestiona la miopía de quienes no supieron valorarla.
Iván Duque Márquez
Analista - Consultor internacional
ivanduquemarquez@gmail.com