El próximo domingo Bogotá elegirá un nuevo alcalde en medio de tres grandes crisis.
La ciudad enfrenta una crisis de confianza y cada día son más los ciudadanos convencidos de que las cosas marchan por mal camino, transmitiendo desesperanza como si se tratara de la peor de las pandemias.
Bogotá también tiene una crisis de gerencia.
Hace cuatro años la ciudad eligió a Samuel Moreno, quien utilizó como caballo de batalla la construcción del metro. Hoy, esta es una ilusión en etapa embrionaria y la falta de gerencia, seguimiento y medición por resultados en múltiples áreas ha desencadenado en desgreño administrativo.
La tercera crisis es la ausencia de visión.
La capital perdió el rumbo y en cuatro años nadie en la administración distrital ni en el Concejo ha logrado definir cómo será la capital de Colombia en el 2025, para no ir más lejos. Con estas tres situaciones calamitosas viene la pregunta: ¿cuál es el alcalde que Bogotá necesita?
No cabe duda de que en este momento crítico se requiere un gerente capaz de tomar las riendas desde el primer minuto y dirigir un equipo basado en su experiencia. Es cierto que en esta contienda hay buenos candidatos.
David Luna es un gran conocedor de la ciudad, una persona laboriosa, honesta y dedicada, que ojalá en un futuro próximo pueda gobernar la ciudad. Carlos Fernando Galán es trabajador, impetuoso y bien intencionado, pero con un solo periodo en el cabildo de la ciudad, desafortunadamente no tiene las credenciales para cabalgar en un potro tan difícil. Gina Parody tiene gran formación académica, un buen equipo y un plan de gobierno bien estructurado. La preocupación con todos ellos, al igual que con Gustavo Petro, del Movimiento Progresista, es que su experiencia se sustenta en la actividad parlamentaria, no en la administrativa.
Ninguno ha estado expuesto a una responsabilidad gerencial ligeramente semejante a un gigante de las proporciones de Bogotá, donde lo que menos se requiere es un líder prisionero del citófono de sus subalternos o de la visión de asesores externos.
Samuel Moreno estudió en Harvard, igual que Gina Parody, y estuvo en el Congreso 15 años, una experiencia en cuerpos colegiados similar a la de Luna, Petro o Parody, pero nunca asumió una responsabilidad gerencial.
Enrique Peñalosa no es un político profesional, es más bien lo contrario, no habla con frases llenas de slogans, no se preocupa por su simpatía, es pesado en los debates y dice lo que piensa sin cálculo político. Pero tiene la experiencia de haber dejado en tres años TransMilenio, Metro Vivienda, la recuperación del espacio público, la red distrital de bibliotecas, las ciclorrutas, los colegios en concesión y haber reducido la criminalidad en un 20%, entre otras obras.
Hay momentos de la historia donde los electores le apostamos a la esperanza de un nuevo líder. En esta ocasión buscamos un gerente y el único candidato que los es se llama Enrique Peñalosa.