El círculo polar ártico es una de las regiones más amenazadas por el cambio climático. Se trata de un mar congelado con una profundidad superior a los 4.300 metros y un territorio cercano a los cinco millones de kilómetros cuadrados, el equivalente a Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia y Venezuela juntos. Durante los últimos años, la capa polar ártica se ha venido derritiendo y se estima que ha perdido cerca de un millón de kilómetros cuadrados de superficie congelada.
Tal como lo indicara el reporte de Stern y Al Gore en su famoso documental An inconvinient truth, de continuar esta situación los niveles del mar podrían aumentar y los cambios en las corrientes marinas acelerarse, amenazando regiones costeras. Sin embargo, aunque el cambio climático está motivando este tipo de peligros, la disminución del círculo polar ártico parece dar vida a un conflicto territorial entre Estados Unidos, Rusia, Canadá, Dinamarca y Noruega por el control de valiosos recursos energéticos. Según geólogos expertos, la región alberga el 25 por ciento de las reservas mundiales no descubiertas de petróleo y gas.
Si bien, estas disputas territoriales vienen desde hace más de 80 años, ante los costos de explotar una región con dificultades geográficas propias de su estado glacial, los países limítrofes se habían abstenido de revivir sus reclamos de soberanía. Al derretirse el círculo glacial facilitando la explotación de recursos naturales, la situación está cambiando y, ya Rusia ha reclamado ante las Naciones Unidas la soberanía sobre un millón de kilómetros cuadrados.
Un reporte publicado en octubre del 2007 por el Instituto de Estudios Energéticos de la Universidad de Oxford titulado The battle for the next energy frontier, muestra en detalle lo que está en juego. Por un lado, se espera que a partir del año 2030 se pueda extraer y transportar gas y petróleo de la región. De ser exitoso el Gobierno de Moscú en sus pretensiones y de confirmarse los potenciales energéticos proyectados, el país podría llegar a controlar cerca de dos tercios del consumo energético que el mundo demanda anualmente.
Pero Rusia no es el único beneficiario. De acuerdo con el reporte, parte de la región ártica perteneciente a los Estados Unidos tiene una gran capacidad energética. Se calcula que dentro de la capa ártica al norte de Alaska hay un potencial cercano a los seis mil millones de barriles de petróleo.
Aunque los pedidos del Kremlin no han sido concedidos por Naciones Unidas, el Gobierno Ruso desde el año 2007, ha puesto en marcha una ambiciosa expedición marítima con fines energéticos, que ha alarmado a Estados Unidos y Canadá. El reclamo de soberanía Ruso obedece a una interpretación de la Convención Internacional sobre Derecho del Mar (no ratificada por los Estados Unidos) según la cual, al ser el Océano Ártico una proyección de la plataforma continental de Siberia, más allá de la Zona Económica Exclusiva (200 millas náuticas más allá de las costas), tiene derecho para explotar los recursos naturales.
En la actualidad, Estados Unidos ha respondido a la situación con el lanzamiento de otra expedición con finalidades 'exclusivamente científicas' y el Gobierno canadiense, que siempre se ha distinguido por su pacifismo, ha aumentado la vigilancia militar de su frontera ártica desde julio de 2007.
Es paradójico, que mientras el mundo lucha por mitigar los efectos del cambio climático, otros países disputen los efectos económicos de una catástrofe ecológica como el desmoronamiento del círculo ártico. Al menos sí no hay nada para evitarlo, valdría la pena que mediante un tratado internacional los países que se disputen ese territorio eviten la guerra del hielo.