El presidente de Indonesia, Susilo Bambang Yudhoyono, es una de las figuras políticas más populares de Asia y tras su reelección en el 2009 ha hecho de la ‘riqueza colectiva’, la promesa más importante de su administración.
Esta oferta se basa en que su país se ha consolidado como la principal economía del sudeste asiático, experimentando en el último quinquenio tasas de crecimiento promedio cercanas al 6% del PIB y la afluencia de inversión extranjera.
No obstante la promoción de bonanza que realiza el gobernante, el país se ha encontrado con que la infraestructura existente se ha quedado pequeña para soportar la continua expansión económica.
¿Cuál es la principal causa del problema?
Según los expertos hay varias explicaciones, entre las que se cuenta la caída en la inversión sectorial, considerando que antes de la crisis asiática –hace más de una década–, los recursos destinados a infraestructura superaban anualmente el 8% del PIB, y en los últimos años escasamente han llegado 3,5%.
A esta reflexión inicial se suman las dificultades enumeradas en noviembre del 2010 por el Banco Islámico de Desarrollo, en un reporte elaborado por Zafar Iqbal y Areef Suleman.
Para ellos, las dificultades en la adquisición de predios, las debilidades institucionales en las entidades públicas y la carencia de funcionarios especializados, junto con las dificultades de acceso a créditos de largo plazo para los contratistas y la lentitud burocrática para procesos licitatorios, son elementos críticos que han anquilosado un sector que requiere moverse con la velocidad del proceso de crecimiento económico.
A la lista de preocupaciones se le agrega que, ante la avidez de inversionistas privados de intervenir, son muy pocos los proyectos ‘bancables’, es decir, los que están bien estructurados financieramente para contar con aportes privados o ser vendidos en los mercados de capital, atrayendo los fondos de pensiones.
Por estas razones, el Gobierno y su ministro de Obras, Djoko Kirmanto, anunciaron un plan maestro para el 2014, buscando inversiones anuales cercanas al 7% del PIB y promoviendo la participación de las empresas internacionales especializadas. Se ha comprometido al Ministerio de Finanzas para que apropie recursos públicos y participe en la creación de incentivos tributarios para atraer capital privado en proyectos estratégicos.
Como complemento a la agenda estatal, el sector privado ha propuesto la creación de un banco nacional de infraestructura, la sustitución de las interventorias, que se prestan para la connivencia con contratistas corruptos, por la adopción de la gerencia profesional de proyectos como instrumento de supervisión efectiva y la apertura para que las entidades financieras adquieran concesiones viales.
Las dificultades de Indonesia no son distintas a las de Colombia y tal vez por eso valga la pena ver en sus soluciones algo de inspiración, en un país donde se le piden milagros a los ministros con inversiones públicas anuales que no superan el 2% del PIB.