El proceso de la innovación social, que consiste en generar un marco participativo, deliberativo, inclusivo y constructivo con la comunidad para enfrentar desafíos sociales y generar transformaciones positivas, ha ido adquiriendo, cada vez, mayor fuerza.
Para la Universidad de Stanford y profesores de la de Northwestern, como Jason Saul, autor de Innovación social Inc, hoy más que nunca es necesario cambiar de fórmula y asegurar que el Estado, el sector privado y la sociedad civil sean capaces de enfrentar dificultades sociales con el liderazgo y la creatividad de quienes sufren los problemas.
Ante esta tendencia, muchas empresas le han apostado a la innovación social, diferenciándose de sus esquemas de responsabilidad corporativa, convirtiendo sus acciones en este frente en un sello de marca que genera bienestar.
Por supuesto, esta no puede ser una actitud cosmética o de simple mercadeo, y requiere asentarse en el ADN de la estrategia corporativa.
Compañías como Ben & Jerrys, Wall Mart y MTV podrían citarse como ejemplo de compromiso con identificar y respaldar las ideas y soluciones de las comunidades donde intervienen.
La pregunta que cabe hacerse es si en América Latina este proceso está teniendo lugar.
Si bien hay buenos ejemplos, aún vamos lento. ¿Cuál es la razón? Sin lugar a dudas, hay dos reflexiones que vale la pena hacer.
En primer lugar, es pertinente mencionar la filantropía corporativa. Los países que van más adelante en innovación social, también son aquellos en los que existen mejores prácticas de solidaridad empresarial y filantropía individual hacia el trabajo de la sociedad civil.
En América Latina, según estudios de Marryl Lynch, solo el 33% de los que tienen fortunas superiores al millón de dólares considera donar recursos a causas sociales, lo cual contrasta con Asia, Europa y EE. UU., donde entre el 42% y hasta un 55% lo hará.
El segundo factor está relacionado con el voluntariado empresarial. En EE. UU., según el reporte de filantropía y riqueza, 89 por ciento de las personas con mayor capacidad económica ha expresado participar en actividades de voluntariado con organizaciones sociales, y cerca del 54% ha servido más de 100 horas al año.
En Latinoamérica, la filantropía hacia la innovación social con organizaciones cívicas ha venido aumentando en la última década, aunque aún no llega al 0,3% del PIB regional.
Lo triste es que los aportes corporativos solo representan el 9%, frente al 45% de instituciones multilaterales y bilaterales de desarrollo.
Generar innovación social con las organizaciones y las ideas de la comunidad demanda que haya más aportes y compromiso con entidades sociales, y se forme una cultura de voluntariado, en al cual las mejores mentes del sector privado aportan su experiencia.
Asumir metas en estos dos frentes es la primera etapa para que la innovación social sea adoptada de manera sistemática en nuestra región.
Iván Duque Márquez
Analista - Consultor internacional