Hace dos días se cumplieron 150 años desde que formalmente se inició la Guerra Civil estadounidense, con el ataque a FortSumter, en Carolina del Sur, por parte de las fuerzas separatistas de la Confederación. El comienzo de esta confrontación se convirtió en la prueba de fuego para el recién posesionado presidente Abraham Lincoln, quien guiado por la abolición de la esclavitud, debía defender el derecho a la libertad y al mismo tiempo preservar la unidad republicana, amenazada por los estados defensores del esclavismo.
La Guerra duró 4 años y terminó con la victoria de las fuerzas de la Unión y la gloria de un Presidente que mantuvo la estructura nacional. Días después, Lincoln murió asesinado por sus detractores luego de transformar radicalmente el orden social, eliminando en su país una de las peores prácticas de la historia.
¿Qué hubiera pasado si Lincoln y la Unión no hubieran ganado la Guerra? Según los académicos, la historia de EE. UU. y de la humanidad hubiera sido distinta. ¿Qué tan distinta? Nadie lo sabrá. Lo cierto es que la grandeza y la firmeza mostrada por Lincoln para enfrentar la adversidad es y será un referente del liderazgo que deben tener los países en momentos de crisis.
Según el profesor Donald T. Phillips, autor de Lincoln on Leadership , las características del liderazgo ejercido por el decimosexto presidente norteamericano se pueden resumir en varios principios. Salir de la oficina y estar involucrado constantemente con las tropas y los ciudadanos, construir alianzas fuertes con la población a través de la confianza, persuadir antes que coaccionar a la ciudadanía del camino correcto, estar involucrado en los detalles, actuar con honestidad y firmeza, tener coraje para enfrentar las críticas y la adversidad, tener mano dura y tomar decisiones impopulares, gobernar con resultados y metas, comunicar con parábolas comunes, predicar una visión todos los días e influenciar positivamente a la gente en el constante ejercicio del diálogo.
Lincoln aplicó estas reglas por convicción a pesar de los constantes ataques de sus malquerientes. Sus enemigos lo consideraron un tirano, fue cuestionado por estar involucrado en la minucia del Gobierno y por su estilo coloquial, por escribir todos sus discursos, al igual que por despreciar la política de salón y fanfarria social, y por ser un gobernante del pueblo sin rendir pleitesía a los influyentes. A pesar de la leyenda negra que muchos intentaron crear, Lincoln quedó inmortalizado en la historia por ser un hombre de acción y decisión antes que un componedor. Churchill decía que gobernantes hay muchos, pero los líderes capaces de transformar el curso de la historia son bienes escasos. Tal vez por eso, las estatuas están hechas para los calumniados y no para los calumniadores.