Durante muchos siglos, Nicolás Maquiavelo fue considerado como un diablo que mediante sus escritos promovió la crueldad y la separación entre la moral y la política. Sus obras fueron perseguidas y censuradas, y sus convicciones republicanas fueron cuestionadas por la Iglesia, argumentando un perverso deseo del autor por deslegitimar la influencia política del papado.
Por mucho tiempo, y hasta el auge del enciclopedismo, las reflexiones de Maquiavelo eran sacadas de cualquier contexto analítico distinto al de mostrarlo como un enemigo acérrimo de la religión y un defensor de oficio del pragmatismo inmoral, empleado por los tiranos para preservar el poder.
Con los años, la figura de Maquiavelo fue adquiriendo un mayor valor intelectual y fuera de El Príncipe, sus trabajos en los Discursos sobre la primera Década de Tito Livio, El arte de la guerra e historia de Florencia, permitieron una reivindicación académica que lo analiza en el contexto de un genuino republicano convencido de la debida separación de la Iglesia y el Estado.
En la actualidad, la obra de 'Il Machia', como le decían sus allegados, ha tenido nuevos análisis que merecen ser destacados para brindarle un mayor valor histórico a sus aportes. En un libro reciente, publicado por el historiador y profesor de la Universidad de Princeton, Maurizio Viroli, titulado El Dios de Maquiavelo, se detalla el pensamiento religioso de quien, por siglos, fue considerado enemigo intelectual de la fe cristiana, como consta en las decisiones de Pablo IV y Pío IV al proscribir de circulación sus obras.
Para Viroli, quien ha examinado minuciosamente la correspondencia y textos del genial florentino, existe un Maquiavelo profundamente religioso, pero que considera esencial, para el resurgir del republicanismo, separar la influencia eclesiástica de la conducción de los asuntos públicos. Igualmente encuentra en él un intérprete de los valores cristianos aplicados a los principios del patriotismo, el interés general y la libertad, lo que contrasta con las configuraciones paganas que filósofos de la talla de Isaiah Berlin realizaron sobre Maquiavelo.
Entre los aportes más importantes encontrados en cientos de textos se encuentra la búsqueda por construir una argumentación ordenada en la que la religión y la libertad subsisten de manera balanceada sin estar ligadas o supeditadas. Maquiavelo estructuró un ideario liberal en el que los ciudadanos podrían expresar libremente sus convicciones sin mediar la sanción moral de la religión y reconociendo la convivencia pacífica de varios credos. Este criterio fue la base para el desconocimiento del poder monárquico emanado de Dios, que fue invocado por siglos en contra de las mayorías sociales.
Otro de los hallazgos más interesantes tiene que ver con el encuentro entre los valores democráticos y el cristianismo. Como indica Viroli, en muchas de las expresiones de los Discursos, su principal obra política, Maquiavelo armoniza los principios del gobierno liderado por los ciudadanos con los valores difundidos por Cristo.
El valor del Dios de Maquiavelo consiste en permitir apreciar con claridad y profundidad un pensamiento desfigurado por la generalización y adentrarse en los orígenes filosóficos políticos de una corriente de pensamiento que introdujo en el mundo los valores de la democracia liberal.
Aunque muchas veces se diga que el pensamiento de Nicolás Maquiavelo ha sido agotado por historiadores y académicos, este libro está llamado a abrir un nuevo debate sobre la obra de uno de los más grandes incomprendidos de la historia.