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El último rugido del león

La vida de Ted Kennedy nunca se limitó a ejercer como usufructuario
político de una de las fam

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Al morir Edward M. Kennedy, Estados Unidos perdió uno de los legisladores más influyentes de su historia. Con honores propios de un ex mandatario, las obras fúnebres llevadas a cabo el pasado sábado, reflejaron el legado que, durante 47 años de actividad parlamentaria, lo convirtieron en el patriarca del Partido Demócrata.

La vida de Ted Kennedy nunca se limitó a ejercer como usufructuario político de una de las familias más renombradas de la vida pública norteamericana. A pesar de la herencia de John F. y Robert Kennedy, Edward logró estar a la altura de las circunstancias, y aún sin habitar la Casa Blanca, hizo transformaciones que marcarán por años la política de su país.

Lo interesante de la vida de Ted Kennedy no está en su larga lista de éxitos legislativos, sino en la enorme capacidad que lo caracterizó para enfrentar las adversidades con humildad y estoicismo. Una reciente Biografía, publicada por el equipo investigativo del Boston Globe, bajo la dirección de Peter S. Canellos, titulada 'El último león: la caída y auge de Ted Kennedy', muestra el retrato humano de un político que sin estar preparado, tuvo que asumir el patrimonio político de un ex presidente y un ex senador, cuyas voces eran la inspiración de millones de personas, y al mismo tiempo, ocupar la cabeza de una familia marcada por una secuencia de tragedias.

Cuando la opinión pública se volcó con ilusión hacia Ted, y vio en él la esperanza de cara a las elecciones presidenciales de 1972, un confuso accidente automovilístico en la isla de Chappaquiddick el 19 de julio de 1969, donde murió la activista política Mary Jo Kopechne y que Ted, quien conducía el vehículo, sólo reporto doce horas después, sepultó sus aspiraciones presidenciales para siempre.

Aunque Kennedy aceptó con firmeza la culpabilidad por no haber informado a tiempo el accidente y de haber recibido el respaldo de sus electores, el prestigió nacional que lo había llevado a la gloria decayó, y en 1980 se hizo notorio al perder la nominación presidencial demócrata frente a Jimmy Carter.

Justo cuando su porvenir político pareciera haber llegado al ocaso, Edward M. Kennedy decidió que su objetivo "no era la presidencia, sino el servicio público". Desde entonces, hasta su muerte estuvo vinculado como senador a más de 2.000 iniciativas legislativas, de las cuales 300 se convirtieron en leyes. La obsesión permanente con la salud, la educación, la investigación científica, los inmigrantes y los derechos de las personas con discapacidades lo llevaron a formar acuerdos bipartidistas que hoy permiten recordarlo como un forjador de consensos por excelencia.

Durante los actos previos a su funeral, Kennedy fue recordado por sus pares como un líder que no se dejó contaminar de los vicios de la política tradicional, manteniendo vivo el idealismo de formar desde el Congreso una sociedad mejor.

El último rugido de Edward M. Kennedy, se dio el 25 de agosto del 2008. Pese a su grave estado de salud, pronunció un discurso de apoyo a Barack Obama en la Convención Demócrata, haciéndolo heredero de la antorcha portada por sus hermanos y que él no pudo llevar a la Casa Blanca. Un año después de aquel día, el 'león' dejó de rugir, pero su voz seguirá sintiéndose para siempre en la espesa selva de la política norteamericana.

ivanduquemarquez@gmail.com
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