Sexo, drogas y bandidos
Uno de los principales desafíos regionales, en un entorno de globalización, es combatir coordinadame

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Lo curioso de esa cifra es que aproximadamente el 88% de ese valor se deriva de actividades asociadas con el tráfico de estupefacientes. Tal como lo ha tratado de mostrar gráficamente la revista Wired, en su última edición, el valor de todas las actividades realizadas para traficar cocaína en EE. UU. se aproxima a los 38.000 millones de dólares.
Para hacer el panorama más preocupante con respecto al narcotráfico, sólo basta con observar que Latinoamérica y el caribe se ha convertido, después de EE. UU. y Europa, en el tercer mayor centro de consumo de cocaína, con 105 toneladas anuales, equivalentes a 35 gramos por usuario. En cuanto a heroína, el consumo anual de 377 toneladas se encuentra concentrada en un 54% en el sudeste asiático, China y Rusia, prendiendo luces de alerta sobre la expansión de adictos en la región de más expansión en el ingreso per cápita.
El asunto es que la cadena criminal no para ahí. El valor del tráfico de personas en Europa supera anualmente los 1.200 millones de dólares. Dentro de los hallazgos de la ONU, se evidencia que América Latina es el segundo punto de origen de víctimas identificadas en Europa Central, con el 13%, únicamente superado por la región de los Balcanes, con el 34%.
Tan sólo con las dos actividades mencionadas en la región, se han conformado bandas y pandillas destinadas a explotar estos lucrativos delitos, exacerbando la calamidad del tráfico de armas. Según la ONG Small Arms Survey, se calcula que en América Latina y el Caribe las pandillas, maras y bandas delincuenciales cuentan con más del 47% del millón y medio de armas de fuego en poder de criminales organizados identificados en todo el mundo.
Con estos elementos de análisis es urgente que los países latinoamericanos afectados por estos males organicen una diplomacia activa y una coordinación institucional más efectiva. Colombia, México, Brasil y Centroamérica deben elevar el debate sobre el tráfico de armas, exigiendo mayores controles a los países productores y presionando por contar con transparencia en los stocks de armamento y en la información de producción y venta. En cuanto al tráfico de personas, es necesario que se genere más cooperación con Europa y Asia para identificar y combatir toda la cadena ilegal, y solicitar mayor contundencia en la persecución y sanción del delito en los mercados de destino.
Frente al tráfico de drogas, que ya es un problema intrarregional, es urgente mayor coordinación policiva y administrativa, al igual que la decisión de declarar y combatir el narco-terrorismo colombiano y denunciar a los países que son tolerantes o cómplices con este fenómeno.
Para la diplomacia regional pasar de agache frente a estos temas, eludiendo la controversia, es seguir incubando males que después serán tragedias.

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