El voluntariado es una de las principales actividades de responsabilidad individual, que nos permite contribuir con nuestro tiempo y experiencia a mejorar las condiciones sociales de otras personas o aportar a la sociedad.
Tal vez, bajo ese entendido, la OIT se ha empeñado en hacer un llamado al voluntariado corporativo y a que se fomente una interacción consistente y sostenible entre las empresas y las organizaciones de la sociedad civil.
Hace pocas semanas, el Centro para los Estudios de la Sociedad Civil, en la Universidad de Johns Kopkins, publicó un interesante estudio de medición sobre el estado del voluntariado y la sociedad civil en 16 países del mundo.
El trabajo, que cubre Australia, Bélgica, Brasil, Canadá, República Checa, Francia, Israel, Japón, México y Estados Unidos, entre otros, presenta datos reveladores que permiten entender el peso económico de la filantropía y las actividades de voluntariado que detona.
Entre los primeros hallazgos se encuentra que la fuerza laboral del sector sin ánimo de lucro representa aproximadamente el 7,4 por ciento de los empleos en los países analizados. Asimismo, se ha calculado que, con el valor del voluntariado, dicho ramo equivale al 4,5 por ciento del PIB en 15 países.
Basado en otros estudios de Johns Hopkins, también se estima que en Estados Unidos las organizaciones de la sociedad civil emplean cerca de 11 millones de personas. Esto quiere decir que emplea 18 veces más personas que las empresas de servicios públicos o tres más que el sector transportador estadounidense.
Algunos análisis realizados por expertos como Lester M. Salomon, los cuales utilizan distintas metodologías de medición, calculan que en el mundo existen 900 millones de personas, que en el curso de un año hacen al menos una tarea de voluntariado u aporte no remunerado a la comunidad que los rodea o directamente a sus vecinos. De hecho, se proyecta que el 36 por ciento es generado por organizaciones y el 64 por ciento por la iniciativa individual de las personas.
Lo triste de los estudios de Salomon es que Suramérica apenas cuenta con el 5,8 por ciento de los voluntarios globales, siendo la región de menor participación. ¿Qué se puede hacer al respecto? Sin duda, es necesario crear una cultura desde la familia y el colegio que haga del servicio voluntario un valor social. También es necesario que el sector privado asuma liderazgo, fomentando el aporte de sus empleados. Por supuesto, es vital crear una conexión entre las organizaciones de la sociedad civil y las comunidades, que motive el aporte a proyectos concretos.
Hoy, se calcula que el valor económico del voluntariado global equivale al PIB de Brasil. En nuestra región, hacer del voluntariado un modelo de conciencia colectiva no da espera, y ojalá estos números nos abran los ojos.