Obama y el multilateralismo

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Resulta un despropósito subestimar la superioridad descomunal, en casi todos los órdenes, de los Estados Unidos y de la China, haciendo turno. Sin embargo, los líderes europeos siguen coincidiendo en que es necesario intervenir con carácter preventivo antes de que se hagan realidad amenazas tan latentes como el terrorismo, las armas de destrucción masiva y los 'Estados en descomposición'. Además, advierten una serie de conflictos explosivos que no solo conciernen a la hiperpotencia como los de Irak; Afganistán; Israel-Palestina; China-Taiwan; Corea del Norte; Pakistán-India; las dictaduras genocidas en África; pobreza y miseria en el Tercer Mundo.
El ex canciller británico, Straw, afirmaba hace unos años que "los sentimientos antiamericanos están de moda". Vale recordar el éxito editorial en 1958 de Bundick con su libro El americano feo, apalancado en la guerra de Vietnam: un fenómeno cuya repetición nada tiene de conveniente. Por esta razón, bienvenidas todas aquellas propuestas que supuestamente conducirían a conformar contrapesos, nacional e internacionalmente, así sean relativos.
Inclusive ya se habla de una especie de 'clase media de potencias intermedias'.
Obama en su reciente y triunfal visita a Europa parece tenerlo muy claro, entre ceja y ceja, como uno de sus compromisos más urgentes, por cuanto sabe que en el tercer milenio los ríos no corren hacia arriba.
Reputados analistas opinan, que el liderazgo de los Estados Unidos es una realidad, pero desaconsejable su condición de dueño único de un nuevo imperio. Alegan, con validez, que a la larga una 'sobre-expansión imperial' por sus costos y complejidades logísticas sería inmanejable. Porque eso de ser 'policía del mundo' es tarea imposible: baste recordar que E.U. cuenta con bases militares en más de 40 países e instalaciones navales en otros 10 más.
El principio de la invulnerabilidad estalló en pedazos el 11 de septiembre. El poder monolítico, también. Peor todavía, cuando E.U. registra un enorme déficit federal y una gigantesca deuda privada, comercial, empresarial y nacional. Hechos sucesivos continúan demostrando que, por un lado, el terrorismo jamás será vencido unilateralmente y, por el otro, que la infalibilidad tecnológica no existe.
Insistir en militarizar la política exterior contrasta como estrategia con la inteligencia de un Clinton o un Obama que siempre han mezclado, según cada caso, los mandatos impuestos por la real-politik con las instituciones que rigen a la Comunidad Internacional.
Conclusión mínima: no caer en el autismo que solo se ve y oye así mismo. Vuelve y juega la máxima que le escuchamos en Ginebra al profesor Yenks, ex director de la OIT: "O nos salvamos juntos o perecemos todos". Obama en esta misma línea piensa, con la solvencia de un gran ideólogo, que el 'cambio' no solo es para adentro, sino para afuera. Que así sea.
Adenda: La reedición del libro El lago de piedra, por parte de Ancora Editores es bien merecida. Su autor, el historiógrafo Rodolfo Segovia, en brillante prosa y cuidadosa investigación, logra recrear al lector con el apasionante tema de la geopolítica de las fortificaciones españolas del caribe (1586-1786).
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