Hechos como el desciframiento del ‘mapa’ humano, los ‘milagros’ del Internet, la guerra antiterrorista y la ‘preventiva’, la globalización y el denominado ‘choque’ de civilizaciones, nos han conducido en tiempo récord a un estado de confusión ideológica, quizá sin antecedentes en la historia de la humanidad.
Uno de los grandes responsables de esta confusión es el uso inadecuado o impreciso del lenguaje, especialmente en la política y en la economía.
A diario, orientadores muy influyentes de la opinión pública hacen de la suya con los términos izquierda y derecha, neoliberalismo (privatizaciones, flexibilización y desregulación), intervencionismo, imperialismo, soberanía, Derecho Internacional Humanitario, Derechos Humanos, populismo y justicia social, etc.
Esa es la razón para que, dentro de la mayor impunidad, el vocabulario mal empleado siga sirviendo para descalificar o ensalzar, atacar o adherir y hasta para distribuir folclóricamente los títulos de ‘bueno’ y ‘malo’, autoritario o democrático, progresista o retardatario, revolucionario o antirrevolucionario. Esta falta de rigor semántico resulta dañina y peligrosa en escenarios como el Parlamento, los foros económicos, la cátedra universitaria y, sobre todo, en la boca o en la pluma de los líderes de los movimientos políticos, de los comunicadores y de los dirigentes gremiales y sindicales.
Pero son los calificativos ‘derecha’ e ‘izquierda’ los que más se prestan a ser utilizados con inexactitud e incluso con trampa. Y qué no decir del abuso de los calificativos centro-izquierda, centro-derecha y centro-centro.
La vieja dicotomía derecha e izquierda –por cierto, dos visiones diferentes del mundo– se complica cuando se nos recuerda a Sartre comparándolas con “dos cajas vacías”, o, cuando los neonazis, para enredar más, citan a Hitler definiéndose como “el conservador más revolucionario del mundo”.
Es Norberto Bobbio quien, con su sabiduría, arroja más luz a esta discusión, cuando afirma que “derecha e izquierda no son dos conceptos absolutos, sino relativos… no son palabras que designen contenidos fijados de una vez para siempre… está abierto el debate sobre la existencia de ‘muchas’ izquierdas y derechas’.
Basándose en uno de sus autores preferidos, Ravelli considera que su definición depende de 5 criterios referidos al tiempo (progreso-conservación), al espacio (igualdadad-desiguadad), a los sujetos (autodirección-heterodirección), a la función (clases inferiores-clases superiores) y al modelo de conocimiento (racionalismo-irracionalismo).
Sin embargo, advierte que el criterio igualdad-desigualdad es el “fundador de los otros” y el único que ha resistido el paso del tiempo, pero que tampoco es un concepto absoluto porque depende de su mayor o menor deseabilidad y viabilidad y, además, porque está sujeto a la respuesta a tres preguntas: “igualdad sí, pero ¿entre quién, en qué, basándose en qué criterio?”.
Es el mismo pensador italiano quien nos ilumina cuando dice que “no tengo ninguna dificultad en admitir la existencia de doctrinas y movimientos más igualitarios y más libertarios, pero tendría alguna dificultad en admitir que esta distinción sirva para distinguir la derecha de la izquierda.
Han existido y existen todavía doctrinas y movimientos libertarios tanto a la derecha como a la izquierda”.
Adenda: ¿en dónde se encuentra Petro?