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Nostalgia por los dóberman de Kertzman

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La locomotora navideña casi me arrolla de nuevo. Afortunadamente este año los silbos publicitarios, cada vez más estridentes, reiterativos e iniciados con más y más antelación, resultaron precautelares.
Para cuando llegó la Navidad, yo ya estaba exhausto. Hoy por hoy, en Colombia, la Navidad empieza, oficialmente, el 31 de octubre, antiguo Halloween o fiesta de las brujas, efeméride que a su vez aquí ha sido transmutada, gracias a una alquimia multiplicadora similar a la de la ley Emiliani, en una fiesta en la que los niños se disfrazan por un período que ya casi supera la semana.
Así, pronto, no habrá embalse que baste para saldar la cuenta subsiguiente de casi tres meses de lucecitas municipales en espera del Niño de Belén, los Reyes Magos y el luctuoso final de ferias, fiestas, corralejas y resacas por allá el 20 de enero. Ni bolsillo que lo resista.
En fin, aparte de lo anterior, la columna con la que hubiera querido despedir el 2014 se convirtió en esta con la que recibo el 2015: dizque en Colombia solo hay cincuenta mil personas con un patrimonio superior a los dos mil millones de pesos.
¡Permítanme que me muera de la ‘erre’!
Si eso es cierto, entonces no hay reforma tributaria que valga. Si eso es cierto, lo único que podemos hacer es pedirle al último que salga que apague y vámonos.
Pero como lo anterior no puede ser cierto, entonces lo que hay que hacer, y esto con carácter urgente, es incorporar a los mandos medios y altos del Dane y la Dian una legión fresca de jóvenes contables del Sena graduados en distintas administraciones y estadísticas y con sueldo decente, para que hagan las dos tareas que dos de sus antecesores quisieron pero no pudieron hacer, a saber, dos censos comme il faut: el uno, agropecuario y el otro, financiero-bancario.
Por Dios, patrimonios de más de dos mil millones de pesos hay a granel en Colombia; bastaría un censo agropecuario de mediano rigor para encontrar ese capital en tierras y semovientes, propiedad de los más variopintos personajes: pretéritos terratenientes, guerrilleros de vieja data y ‘paracos’ de reciente cuño… por no hablar de milicos que les prestaron servicio a “unos y otros”. Patrimonios de más de dos mil millones de pesos hay a granel en Colombia, bastaría un examen somero de los San Andresitos en todas las ciudades intermedias del país. Bastaría un equipo serio de la Dian, dispuesto a soltar sus perros para husmear un par de miles de cuenticas bancarias en Panamá, las Islas Caimán y Suiza. Bastaría mirar con lupa una buena cantidad de fiducias y fundaciones sin ánimo de lucro, como la tristemente célebre Universidad de San Martín.
Bastaría un bloque del ejército y la policía en aduanas y fronteras y reconocer que, el trasnochado argumento de que aquí no se pagan impuestos porque no se ven, es un sofisma de distracción perverso: no se ven porque no se pagan… no en vano Kertzman y Ortega tuvieron que salir.
Juan Manuel Pombo
Profesor y traductor
juamanpo@yahoo.com
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