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¿Pensión y salud pa’ ‘Timochenko’?

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Que la guerra degrada a quienes participan en ella cae de su propio peso. Pero no es eso lo que suele oírse de las gestas de independencia, de la atroz guerra civil estadounidense, de la aún más cruenta Segunda Guerra Mundial. Ahora, no por ello la aseveración deja de ser cierta… para todas las guerras, Troya incluso.
Las guerras degradan, y eso lo tenía tan claro Homero, que jamás escamotea una carnicería en aras de la corrección política, ética o estética. Homero no deja títere, por héroe que sea, con cabeza: Aquiles, en su ira infame, arrastra por el polvo ante el anciano Príamo el cadáver de su hijo Héctor, antes de abandonarlo como carroña al sol y los buitres.
Pero en la guerra no solo la ira degrada: contribuyen el hambre, el cansancio y el clima; la desnutrición crónica, la leishmaniasis y el aislamiento; la rutina del horror, los ajusticiamientos de propios y extraños; los hábitos de carceleros, las cadenas y letrinas; el abuso de jóvenes y menores a mano. En dos palabras, la degradación es integral: moral, mental y física. Después de todo, el consumo de alcohol, estupefacientes y putas (por extorsión o a sueldo), siempre ha prosperado a la vera de todas las campañas militares que en el mundo han sido.
Recuérdese esa escena en Apocalypse Now, cuando unas conejitas de Playboy, tras azuzar a la soldadesca con un mediocre espectáculo de karaoke en medio de la manigua, son rescatadas de la turbamulta en el último momento para terminar echándose un polvito desangelado y etílico entre las chatarras de dos helicópteros iluminados por nocturnas bengalas psicodélicas.
Con todo, Príamo, derrotado y anciano, logra con sus súplicas (y el pago de un abultado rescate), la devolución del cadáver, ‘bañado y ungido’, de su hijo, y tiempo para que ambos bandos honren a sus muertos.
Las cosas no han cambiado tanto a pesar de los miles de años que nos separan de Troya: en última instancia, la cosa consiste en determinar el costo de la cesación de hostilidades y la devolución de rehenes y cadáveres. (Hace poco, Camilo Torres, ¿recuerdan?).
Ahora, sutilezas terminológicas como la diferencia entre campos y/o zonas de ubicación y/o concentración no son banales. Tampoco, el asunto de negociar curules o presupuestos. Nuestra última experiencia a este respecto, el Frente Nacional, resultó funesta. Vale, curules y presupuestos no se negocian, se ganan con votos. Pero ¿cómo se ganan votos sin presupuesto… o sin su sucedáneo, las armas?
Justamente en ello reside la búsqueda, llena de desaciertos, de aquello que desde hace más de doscientos años llaman ‘democracia’. Ahora, si hasta hace poco se hablaba de una quimera llamada ‘socialismo realmente existente’, hoy podemos hablar de otra llamada ‘democracia más o menos existente’, en la cual, en efecto, el conteo electoral es condición insuficiente, pero necesaria. Así, a la pregunta que titula esta columna, contesto: salud sí; pensión, depende del tiempo y lugar de reclusión y del aporte del grupo a las arcas de ese colectivo que llamamos ‘nación’.
Juan Manuel Pombo
Profesor y traductor
juamanpo@yahoo.com
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